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Aroma de mariposas


 

 

No alcancé a escuchar su voz en la radio o verla en vivo en la televisión para hacerme una imagen suya. Debí conformarme con las fotos y lo que enseñan los libros. Ella murió demasiado pronto, aun así apostaría a que olía a mariposas, tanto tiempo prendidas de su pelo debieron marcarla con ese aroma a Cuba de los níveos pétalos.

FLOR

Han transcurrido 36 años de ese acontecimiento y algunos afirman que aquel 11 de enero también murió una esencia, algo estrechamente ligado a la Revolución. Otros aseguran que era como una santa, pero una santa que fumaba mucho y se vestía con sencillez, que implantó algunas modas, aunque también llevaba el verdeolivo como si fuera glamouroso atuendo. La mujer era fuerte, tanto que subió a la Sierra a poner un busto de Martí y luego a liberarla, y al resto de la isla. Una celosa guardiana de la verdad que se ocupó de que la Historia recogiera con detalle minucioso cada evento de esos días en que las montañas fueron trampa y abrigo.

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También dicen que sabía entender a los que a ella acudían con algún pedido. Cuentan que era muy justa y que trabajaba como si supiera corto el tiempo y tratara de aprovecharlo minuto a minuto. Los niños de aquellos primeros años de la Revolución que vivían cerca de su casa atestiguan como entre pillos y curiosos iban a pedir los mangos de su patio y no pocos hicieron carreras gracias a su proverbial generosidad y comprensión.

Por eso se multiplican los homenajes por estos días a la heroína, como el que rindieron estudiantes, trabajadores de servicios y docentes holguineros este viernes, en el campus universitario que lleva su nombre, pues Celia Sánchez Manduley se trocó en símbolo en un país donde la mujer comenzó, con cubanas como ella, a forjarse un sitio a la misma altura de los hombres.

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Sueños robados por el fuego


Sueños robados por el fuego
Liset Prego
liset@ahora.cip.cu

Marwan, tiene tres años, su nombre significa fuerte como un oso. Es un niño feliz, lo rodean afectos de sus padres, abuelos y tíos. Vive como cualquier pequeño de su edad sin saber que un muro divide su país, que muchas veces sus padres han temido a las bombas que silban muy cerca, que la oscuridad en ocasiones no llega solo con la noche, sino que una guerra más vieja incluso que mamá y papá, reduce su país a un trozo de mapa cuyas costas son ferozmente custodiadas, porque un pueblo cree fervientemente que su dios les prometió esta tierra que ha costado vidas de un lado y otro del concreto divisorio.
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Y mientras su papá cuida de los otros como de él, Marwan crece en una ciudad que al igual que un fénix renace tras cada bombardeo, de sus cenizas. La franja de Gaza es una cárcel donde un pueblo más que sobrevivir agoniza, en espera de una paz incierta y con la fe de que alá ak ber ( Dios es grande).
Pero Marwan poco sabe de religión y menos de Historia, del holocausto que engendró un odio enorme y por el cual sus víctimas parecen querer hacerles pagar al pueblo palestino, del que este niño forma parte.
Esta es solo una estampa. Los nombres y edades son muchos, escritos o pronunciados en decenas de idiomas o dialectos, los muros que los separan de la paz, son materiales o virtuales, pero ellos son las más frágiles víctimas de los conflictos humanos.
Hoy es el día internacional de los niños víctimas de la agresión, y pese a ello y a que una convención los protege y otorga derechos que deberían ser la norma, las fotos de muertes atroces e historias lamentables, llenan páginas de diarios y espacios en redes sociales. Muchos eligen voltear el rostro para no ver miseria o dolor ajenos, pero esta es una realidad que aunque pueda parecernos distante vivencian, día tras día, quienes crecen en naciones en guerra. Niños cuyos sueños han sido robados por el fuego.
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Constelaciones abiertas para Edelis


La conocí hace casi 20 años, entonces Paco estaba en el hit parade de los vespertinos de mi seminternado. Me pareció algo muy grande tenerla en la sala de mi casa, tanto que le mostré mis libros de poesía, le enseñe mis textos, unos garabatos insulsos que soñaba publicados cuando fuera una gran escritora.
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Edelis Loyola, la que escribió La piñata, la del Patio de Gabriela en su concepción original, la misma de El piojo, vivía ahí cerquita y se decía que en Cuba, en cuanto a música infantil, estaban Teresita, Liuba o Ada Elba y luego ella.
Durante años coincidimos en diferentes circunstancias, pero solo ahora, cuando vuelvo a cantar sus canciones, esta vez para mi hija, tengo chance de preguntarle a la cantautora de música para niños, y la aprovecho…
¿De dónde llega la música?
La música me llega desde que estaba en la barriga de mi mamá. A ella le gustaba cantar y mi padre tocaba la guitarra y cantaba las canciones de Sindo y Corona. Él me enseñó los primeros acordes. Recuerdo que en casa teníamos un tocadiscos y aunque era muy pequeña no me despegaba de su lado cantando los temas de Teresita Fernández y hasta los Van Van. Tuve una infancia llena de música, pero creo que con eso se nace.
Hace más de 20 años comenzaste a componer para niños ¿cuál fue el motivo?
Realmente fue una necesidad para entretener a mis hijos. No teníamos televisor y llegó un momento que se me agotó el repertorio de canciones que sabía. Eso me dio motivos suficientes para crear los primeros temas que al principio solo les cantaba a ellos. Después fui dándome cuenta de la importancia de componer para los niños, además del placer enorme que me causaba.
Me encantan los niños. Disfruto cada una de sus travesuras y ocurrencias, quizás por todo eso elegí este difícil pero hermoso camino.
Creo en ellos. Porque sé que detrás de cada carita hay un universo por descubrir. Los niños son como esponjas que todo lo absorben, por eso intento a través de mis canciones darles herramientas para que aprendan a andar por la vida descubriendo cosas. Y aunque trato de mostrarles todo lo que puedo, son ellos los que terminan sorprendiéndome a diario con su capacidad y sabiduría.
Además no hay nada más hermoso que la alegría de los niños al cantar, es un verdadero acto de poesía, por eso hacer canciones para ellos se ha convertido en una forma de auto expresión sin límites, porque sé que es el público más exigente, pero también el más agradecido.
¿Prefieres cantar tus canciones o que lo hagan otros intérpretes?
Disfruto mucho cuando canto mis canciones, aunque reconozco que cuando escucho a Liuba cantando El Piojo y a los niños tarareando Paco, me siento igual de feliz, porque las canciones son como los hijos: uno los pare y los cría pero después ellos toman su propio camino.
Tengo muchos amigos cantautores y actores de teatro que tienen mis canciones incorporadas en sus repertorios, y eso me alegra. Ojalá se embullaran y grabaran un disco con mis temas, eso sí, me gustaría poder disfrutarlo, que no sea póstumo…
Perteneces al Movimiento de la Canción Infantil Latinoamericana ¿cuál consideras que es tu aporte a este?
He aportado mi manera de decir las cosas, el lenguaje que empleo, con ternura pero sin ñoñerías, tocando temas poco tratados como El piojo y El chinito Lo que emigró desde China para quedarse a vivir en Moa; el sentido del humor sin caer en groserías y mostrando la identidad de mi pueblo natal, mezclando todo eso con lo didáctico y lo lúdico.
Una de las tradiciones más antiguas de los pueblos es la de jugar cantando, pero además de eso he querido agregar a mis canciones elementos que permitan jugar, cantar y aprender, porque la canción dirigida a los niños debe ser entretenida y mágica, pero con valores esenciales para su formación.
¿Qué pasa con la producción discográfica?
La verdad, no sé. Sería bueno preguntarle a las disqueras cubanas. Voy a cumplir 50 años y no tengo un disco grabado, pero eso le ha pasado a tanta gente en Cuba que a mí no me llena de susto.
Debe ser porque a casi nadie le interesa hacer discos para niños. La producción discográfica de este tipo es casi inexistente. Todo es una mentira, la música infantil ha sido condenada a vivir underground, arrinconada en las programaciones radiales, de TV y espectáculos.
En Cuba, de cada 100 discos que hacen las disqueras, con suerte, uno o dos son para niños. Pero no todo queda ahí, falta un compromiso para difundir este género. Con él y la música campesina ha prevalecido la indolencia, prácticamente nadie la apoya, nadie la rescata, es parte de un juego donde eventos y festivales son inútiles, solo para evocarla tres días al año y nada más.
¿Cómo recuerdas proyectos como El Patio de Gabriela?
El Patio de Gabriela lo recuerdo con una mezcla de alegría y dolor, para suerte o desgracia todas las cosas llegan juntas y cuando comenzamos a grabar yo tenía programada una gira por España y Las Islas Canarias. La grabación no podía detenerse y me vi en la penosa necesidad de no poder continuar en el programa, algo que con tanto amor y trabajo había creado para los niños desde Moa.
Lo quiero como una parte más de mi obra, pienso que fue un programa que hacía falta en la Televisión Cubana y que llegó en un momento importante, donde las propuestas para niños eran escasas, y funcionó ,porque atrajo la atención de los pequeños y se identificaron con él.
¿Qué te dio más placer como realizadora Radial y que te aportó?
La Radio es una de las cosas que más he disfrutado. En ella uno se traslada a otra dimensión. Cuando trabajé en la Voz del Níquel (www.lavozdelniquel.cu), las horas parecían minutos, toda esa magia mezclada con la espontaneidad de los niños parecía un sueño maravilloso.
Escribir un guión semanal, componer las canciones del programa y ensayar con los niños era agotador, pero fascinante, a pesar de todo eso fue lo que más disfruté, y por supuesto, los premios al trabajo realizado y al esfuerzo de mis hijos y los demás niños que resistían largas horas de grabaciones pues La Piñata y Juega mi Canto fueron programas multipremiados en los diferentes Festivales de la Radio en Cuba.
La emisora me aportó muchísimo, sobre todo, a ganar en rigor y disciplina, trabajar en colectivo y lograr esa empatía entre el realizador y el oyente.
Probablemente tu canción más conocida en Cuba sea La Piñata. Muchos recuerdan a Verónica y quizás menos a ti. ¿Cómo te hace sentir eso?
Creo que eso es normal, Verónica con su gracia y espontaneidad de niña en aquel momento conquistó al público, yo lo disfruté mucho. Ese año la Piñata fue la canción más popular del programa de televisión Arcoíris Musical, uno de los pocos que se ha preocupado por defender los musicales para niños en TV. Pero el propósito del concurso era difundir la obra de autores musicales para niños y nadie mejor que ellos para interpretar esas canciones. Me interesa más componer para los niños y que ellos canten y cuenten con ellas, que la incorporen a sus juegos y a la vida cotidiana, con eso ya soy feliz, no me preocupa en lo absoluto vender mi imagen.
¿Cómo influye en tu carrera tener un esposo trovador y una hija flautista?
Mi familia es lo más grande que tengo, doy gracias a Dios por el esposo y los hijos que me acompañan, somos gente apasionada, el proyecto de uno es el de todos, nos involucramos y trabajamos unidos, aportando soluciones y dando ideas, aunque también hay sus discusiones, pero hasta eso es positivo, porque de toda esa tormenta salen buenas cosas. Edelita y Fernando han aportado mucho a mi carrera, no solamente desde el lado afectivo, que ya es suficiente, sino desde el plano profesional. Mi casa es un taller de creación que no para gracias a ellos.
¿Qué ha significado para ti Moa, Holquín, Cuba?
Mi gran escuela para enfrentar la vida fue Moa, allí nací y guardo los mejores recuerdos, mis amigos, mi familia, de ahí salí llena de energía y con las armas necesarias para seguir andando este difícil camino que es crear para los hombres y mujeres del mañana.
Holguín fue un paso importante en nuestras vidas, teníamos la sede de la UNEAC, Casa de la Trova, Televisión, y todo fluyó positivamente, los años que allí viví fueron realmente inolvidables, conocí a muchos artistas holguineros y extranjeros, participé en varios eventos y me sentí realizada como creadora, tenía dos espacios fijos en la ciudad y el amor de niños y padres que me seguían cada domingo, Tengo nostalgia por esos tiempos.
Hace 4 años vivo fuera de Cuba y aunque estoy rodeada de bellos y elegantes edificios, sigo amando a mi país. Con la distancia se extraña todo hasta la cola del pan, los piropos y esa manera de ser tan especial que tenemos los cubanos. Aún sigo creyendo que no hay tierra como la nuestra.
¿Te sientes o te sentiste alguna vez víctima del fatalismo geográfico?
¡¿Fatalismo?! No, nunca. Vivir en Moa no impidió que hiciera todo lo que he querido hacer en la vida, radio, televisión, viajar en más de 4 ocasiones a España e Islas Canarias, conocer a amigos y artistas importantes y dar a conocer mi obra donde quiera que me he parado.
Yo no creo en eso. Está más que demostrado que uno puede ser universal desde cualquier sitio. Comencé en Moa cantando mis canciones, al lado de las minas y fábricas de níquel, y ahora estoy aquí en otras minas, estas de cobre, cantando siempre a los hijos de los mineros, parece que ese será mi sino, pero donde quiera que esté voy a seguir creando y defendiendo lo que hago.
¿Cuáles son tus proyectos y empeños más inmediatos?
Mi proyecto más inmediato es seguir creando, darme a conocer en Chile. He comenzado a actuar en diferentes espacios y me ha ido muy bien. Junto a otros artistas chilenos creamos un proyecto que nombramos Encuentro de dos Américas, es una especie de intercambio cultural entre los pueblos de Cuba y Chile. Igualmente fui invitada al 3er Encuentro de la Libre Expresión Artística Violeta Parra y dentro de poco tendré mi espacio fijo en el jardín botánico de Viña del Mar para continuar mi trabajo en la peña ¨ Dibujando La Melodía¨ donde tendré como invitados especiales: el Coro de Niños Cantores de Viña del Mar, con los que tengo otros proyectos hermosos, los cuales me voy a reservar para la próxima entrevista.
¿Qué crees de la trascendencia?
Creo que a todo creador le gusta que su obra trascienda, aunque no siempre es así. Pero a mí más que trascender me interesa que mi obra funcione ahora y que cumpla su acometido, lo demás solo el tiempo lo dirá.
¿Qué esperas o deseas que suceda con tu música?
Lo que más deseo es que los niños sigan cantando, jugando y aprendiendo con la música que he creado para ellos, que la musa me visite como hasta ahora, para sorprenderlos cada vez con más y mejores canciones.
Aunque no me gustaría que mi música quedara grabada en la memoria del viento, sostengo que la obra es lo principal, porque es lo que va a quedar después que yo no esté, pero me queda mucho por hacer, y aú pueden abrirse las constelaciones.


Que canten los niños o qué cantan los niños


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¡Mira que han hablado mal del reggaetón! ¡Hay que ver lo que se ha dicho de la vulgaridad y violencia en la música de los últimos años! El impacto de esta en los niños preocupa a muchos padres, otros sonríen ante la niñita que “perrea” al ritmo de Los Desiguales o cualquier intérprete de moda, cada uno más efímero que el anterior o con mayor precio de entrada a sus conciertos.
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Es muy difícil controlar el consumo en los infantes, y pese a que los Minieinstein o algunas producciones de Disney, acercan la música de clásicos como Mozart y Beethoven a los parvulitos, siempre habrá un equipo de radio cercano o un vecino púber que los familiarice con los problemas del transporte aéreo, para que luego el padre, cultor del buen gusto estético, escuche a su descendencia tararear “se te fue el avión”, y se le queden los ojos como pescado frito.
Pero el riesgo ante las influencias de la agresiva música bailable para adultos que hoy se produce, no es el único al que deberían temer aquellos dedicados al vitalicio encargo de la paternidad. Si no lo cree recuerde su infancia. El sexismo y la violencia son frecuentes en las composiciones que por décadas se le han cantado a los querubines de casa (a veces endiablados pilluelos), sin que nadie parezca reparar en su contenido.
Ahora podrán tararear conmigo aquello de “la manito la tengo quemada, ya no tengo deditos ni nada… ¡Horror! ¿A quién se le ocurrió escribir eso a un niño y cómo es que se ha perpetuado la costumbre de seguirla cantando en pro del desarrollo motoro de los bebés?
Luego está aquella que muchos aprendieron en pianitos de juguete, “la mujer de Pepe se orinó en la cama y Pepe le dijo cochina marrana”. O sea, a esos con enuresis primaria, a los que no han logrado el control de esfínter, nada de psicólogos o nefrólogos sino recuerden que son unos cerdos y punto.
Y las palmitas de manteca pa´ mamá que le da la teta y papá que le da peseta deja claras las obligaciones de cada uno en casa. Más evidente en la tonadita que reza: lunes antes de almorzar una niña fue a jugar, ella no podía jugar porque tenía que fregar…y así hasta la semana siguiente y toda la vida… vaya, como para querer ser niño, que a fin de cuentas podía, como papá ser marinero “y en cada puerto tener una aventura de amor…”, pues definitivamente la promiscuidad está autorizada para ellos y tienen libre albedrío.
Según la lógica de quien haya escrito esto, a una niña le tocaría quedarse en casa aprendiendo las labores domésticas para que alguien como Arroz Con Leche la escogiera, porque sépase que a pesar de no ser viuda ni vivir en la capital, ella sí sabía coser, bordar y poner la aguja en su canevá.
No caben dudas que la educación en los atávicos roles de géneros impuestos por siglos encuentran un canal para perpetuarse a través de tales creaciones. Lo peor es que seguimos haciendo a nuestros hijos repetir los versitos y la conducta que promueven.
¿Y qué piensan acerca del mejor inductor del terror nocturno, que amenaza con la llegada del Cuco a quienes se mantengan despiertos? ¿Cuántos se habrán quedado apretando los ojos con los corazoncitos a galope ante la posibilidad de que apareciera el oscuro señor?
Vean ustedes, la educación es una tarea difícil y el folclore no la facilita con semejantes canciones. Eso no quiere decir que en las añejas piezas de música infantil esté todo errado, en la mayoría se combinan delicadas o divertidas melodías con letras llenas de ternura, didácticas moralejas o hilarantes historias.
Allí deberían buscar también los que pretendan escribir temas para los pequeños, con la certeza de que no son tontos que se conforman con el facilismo de unir palabras que rimen y punto. El reto será siempre nutrir la fantasía e intelecto del joven público. href=”https://elskramujo.files.wordpress.com/2014/08/nican.jpg”&gt;nican


El charco misterioso


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La culpa es algo que se carga y no es equipaje ligero. A veces, para demostrar que se es honesto uno debe asumirla. En ocasiones nos la echamos encima para proteger a alguien querido. Pero los niños, cuando aún desconocen a la hipocresía y el sacrificio suelen hacer malabares increíbles para deshacerse de ella. La tarde de esta historia no había llovido, ningún vecino había lanzado agua desde las alturas. Nadie había regado las plantas. No entendía entonces cómo se había formado aquel charco en el balcón. En casa solo estábamos Lucía y yo, así es que después de deducir el origen del charco misterioso le pregunté: ¿Fuiste tú quien se orinó aquí? Ella solo miraba hacia los lados con sus grandes ojos redondos de niña recién despertada. Entonces cambié el tono: ¿No sabes quién fue? En aquel momento la pícara encontró su escapatoria y dejó caer la culpa sobre alguien a quien me sería posible reprender.

images (1) Fue un monstruo. ¿Qué madre podría enfrentarse a semejante “orinador” de balcones? , pensé mientras buscaba la colcha y el trapeador. Cierto es que muchos padres pierden la paciencia cuando el “pipi”, los sorprende en las mañanas. Otros, o los mismos, se molestan mucho porque los niños se entretienen tanto en los juegos que no quieren ir al baño hasta que la urgencia es mucha y terminan por orinarse encima o te hablan del “pipi volador”, ese que está tan apurado que no aguanta hasta llegar al orinalito. Pero en estos casos, quién es responsable, a quién se puede culpar si hasta la abuela cuenta que cuando papito era pequeño decía que el cosquilleo en las madrugadas de un elefante de trompa amarilla, le hacía mojar su camita. Hay que aceptar la teoría de los monstruos orinadores. Al menos yo lo haré. Hasta que mi hija conozca el pesado fardo de la culpa intentaré vigilar a cualquier criatura extraña que se acerque al balcón y entrenaré al “pipi” para que no vuele.


De niños, padres, pelotas y flores


Historia Primera

Calle sin acera ni asfalto, barrio de casas remendadas u ostentosas, todas mezcladas. Unos pequeños se lanzan la vieja pelota de trapo, dos metros después otros, no tan chicos, con bases de piedras y trozos de ladrillo, juegan un poco más en serio, aunque sin bate, justo en el espacio diseñado para que circulen los carros, ciclos, y también transeúntes, (recuerden la ausencia de aceras antes referida).

Camino despacio, al compás que marcan las piernas corticas de Lucía, de dos años, cuya velocidad debe ser como de dos metros por minuto. La imagen que veo: muchachos jugando en el medio, riesgo de pelotazo. La imagen que ven ellos: mujer “atravesá”, habrá que parar el juego.
Un rato más tarde, de regreso por el mismo sitio y con los mismos peloteros “amateurs”, hago detener el partido. De mala gana hacen pausa. Camino a la misma velocidad que un rato antes, entonces uno se queja, como quien no quiere las cosas: “Diez años después”, refiriéndose al tiempo metafórico, digamos, que debería transcurrir para que yo terminara de atravesar su improvisado estadio. Su comentario me llenó de ira, pues a su parecer la que yerra soy yo, por ir despacio y no ellos por jugar donde no deben. Mientras tanto y a su alrededor, varios adultos conversan, caminan, están. Probablemente alguno es padre o familiar cercano de los jugadores, pero a nadie parece importarle que muestren sus habilidades deportivas en medio de la vía.

Tomada de internet

Tomada de internet 

 

Entonces me pregunto: ¿qué hacen los adultos testigos de las indisciplinas de los muchachos? ¿Cuando un carro choca a alguno, la culpa es necesariamente del conductor, del niño, o de ese padre que sabe dónde está y no impide que se exponga al peligro que el sitio escogido para entretener-se sea la calle? También la percepción del riesgo se educa.
Historia Segunda
Los muchachos caminaban por la acera, semiuniformados (léase con pantalones de uniforme y pulóver, o saya y camiseta). Probablemente iban hacia algún entrenamiento deportivo. Unos que andaban rezagados brincaron la cerca del jardín. Yo los miraba hacer desde la atalaya que mi balcón en segunda planta, representaba.
Las manos se aproximaban a la flor, doblaban el tallo endeble, una, dos, tres veces hasta partirlo, aun corriendo el riesgo que representaban sus espinas. Yo seguía observando, hora a los muchachos, hora al profesor, único adulto entre ellos, pero nada, él ni se dio por enterado. Entonces no pude más y les dije, “oigan, las cosas se piden”, ellos miraron con brevísimo bochorno que desapareció al tiempo que me perdían de vista, gracias a la oportuna esquina siguiente.
¿Cuál piensa el maestro o entrenador que es su función, dónde cree que debe ejercerla? ¿La educación es exclusiva de la escuela o el área deportiva?
Se educa también en la calle, un buen maestro debería enseñar a sus muchachos a pedir las cosas, a no tomar lo que no es suyo, en el aula, el patio de la escuela o el jardín, a 15 cuadras de esta, aunque ya no anden con uniforme y ese adulto les enseñe a rematar, lanzar o encestar, no importa.
Si no lo hacemos desde el principio, mañana no podremos reclamarle que no nos dé el asiento en la guagua, que se cuele en la bodega, que tómelo que no es suyo o que irrespete a cualquier persona. No podremos pedirle que sea un hombre o mujer de bien, no si le enseñamos lo contrario.
Decir que la juventud está perdida puede significar, un poco, que los adultos responsables de su educación también lo estuvieron. Es muy difícil sembrar descortesía y recoger buenos modales y conducta ejemplar.


De lupas y catalejos

Corro el riesgo de equivocarme, segura, - como dice el poeta - de que "por un fuego que no des a tiempo puede no salir el Sol"

Desde la otra esquina

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