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Aroma de mariposas


 

 

No alcancé a escuchar su voz en la radio o verla en vivo en la televisión para hacerme una imagen suya. Debí conformarme con las fotos y lo que enseñan los libros. Ella murió demasiado pronto, aun así apostaría a que olía a mariposas, tanto tiempo prendidas de su pelo debieron marcarla con ese aroma a Cuba de los níveos pétalos.

FLOR

Han transcurrido 36 años de ese acontecimiento y algunos afirman que aquel 11 de enero también murió una esencia, algo estrechamente ligado a la Revolución. Otros aseguran que era como una santa, pero una santa que fumaba mucho y se vestía con sencillez, que implantó algunas modas, aunque también llevaba el verdeolivo como si fuera glamouroso atuendo. La mujer era fuerte, tanto que subió a la Sierra a poner un busto de Martí y luego a liberarla, y al resto de la isla. Una celosa guardiana de la verdad que se ocupó de que la Historia recogiera con detalle minucioso cada evento de esos días en que las montañas fueron trampa y abrigo.

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También dicen que sabía entender a los que a ella acudían con algún pedido. Cuentan que era muy justa y que trabajaba como si supiera corto el tiempo y tratara de aprovecharlo minuto a minuto. Los niños de aquellos primeros años de la Revolución que vivían cerca de su casa atestiguan como entre pillos y curiosos iban a pedir los mangos de su patio y no pocos hicieron carreras gracias a su proverbial generosidad y comprensión.

Por eso se multiplican los homenajes por estos días a la heroína, como el que rindieron estudiantes, trabajadores de servicios y docentes holguineros este viernes, en el campus universitario que lleva su nombre, pues Celia Sánchez Manduley se trocó en símbolo en un país donde la mujer comenzó, con cubanas como ella, a forjarse un sitio a la misma altura de los hombres.


Cambia ¿todo cambia?


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¡Cómo han cambiado las cosas desde que empecé a estudiar hasta hoy! Y no es malo. El inmovilismo y la perpetua quietud de la roca no van con el comportamiento humano. El cambio para bien, el que se espera de las mentalidades; el de la actitud de desidia y de indolencia por un proceder responsable para con los demás, ese, es necesario.
Sin embargo, a pesar del tiempo hay cosas que veo inamovibles. Por ejemplo la eterna contienda de los profesores con el alumnado respecto al correcto uso del uniforme, trasciende cualquier moda o generación. Supongo que es tan antigua como los mismos atuendos, que dicho sea de paso, son de igual diseño hace varias décadas pero se rigen por los mismos reglamentos que cuando fueron concebidos.
¿Quieren una evidencia de lo reticente del susodicho tema? Hace casi un año, tras 20 de su estreno en la televisión nacional, se transmitió la serie Blanco y Negro no. Ubíquense, moda de los ´90, extra talla, todo como si lo hubieras comprado para tu pariente más obeso. Y allí estaba el chiquillo de la camisa por fuera, irreverente y con el pelo largo, siempre fustigado por sus indisciplinas que se extendieron hasta casi el último capítulo. También vimos al brillante Alejandro Cosío, que se las sabía todas, sacaba 100, aunque fue requerido igualmente por violar el reglamento escolar en cuanto a la apariencia que se debe conservar en un centro de estudios.
Seamos justos, no son mejores o peores los estudiantes por el largo de su saya, estrecho de su pantalón o ajustado de sus blusas. Así mismo es imposible que estas prendas sigan el vertiginoso y voluble paso de la moda, no están pensadas para ir de fiesta. Su nombre indica el propósito para el que han sido concebidos: la uniformidad. Ellos son además un modo de educar en el cumplimiento de normas, disciplina y respeto.
Pero el análisis de las indisciplinas que acarrea el uso incorrecto del uniforme escolar no debe ser el centro del proceso educativo donde otros factores demandan atención urgente y son, a mi juicio, más importantes, por ejemplo, la formación vocacional, tan deficiente y necesaria, el rigor para evitar el fraude académico, el cumplimiento cabal del horario, la calidad de las clases y la disponibilidad de docentes para impartirlas.
Se ha hablado por horas y escrito decenas de cuartillas sobre la formación de valores, los métodos para lograrlo son algo que necesita revisarse pues considero ineficaz el que conocí en mi aula de quinto grado, donde escribieron en hojas de papel los principales que supuestamente correspondían a un niño y los pegaron en los cristales de las ventanas para luego hacernos memorizarlos como hueca cancioncilla que luego termina por olvidarse o perder su valor semántico.
Así mismo aprendimos de memoria nombre y significado de cada símbolo y atributo, con sus repasos respectivos cada vez que se anunciaba visita a la escuela. No diré fue que fue inútilmente, pero de seguro habrán recursos más eficaces para formar conciencia de la nacionalidad y sentido de pertenencia, si no se respetaran más cada uno de estos símbolos.
¿O les parece adecuado lo siguiente?: ante el nivel casi inaudible con se canta en muchos lugares el himno, un profesor de una escuela X de esta ciudad, los hizo repetirlo una y otra vez. El canto liberatorio que en el Bayamo colonial henchía pechos, en aquella escuela fungía como castigo. Pero no se asombren, ese es un viejo método. Si lo sabré yo que junto a mis condiscípulos lo repetía a voz en cuello y saludando la bandera hasta que al director de mi seminternado le parecía correcto.
No, no se educa así, no germina el amor por la Historia y sus hacedores imponiendo sanciones con lo que la representa, no se cultiva disciplina persiguiendo chiquillas con la cinta métrica como arma, para ver si su saya es realmente del largo exigido, que lo digan todo los que han pasado de la primaria al pre y tuvieron compañeras que prácticamente iban en minifaldas. Al final fueron a la universidad, o no, pero no fue determinante cuánto muslo mostraron, más allá de los cuatro dedos reglamentarios.
Ojo, no promuevo un relajamiento en lo estipulado respecto al vestuario de los educandos, sino dedicar la cantidad de tiempo y energía fundamental a problemas más serios que sí podrían determinar el futuro de los que hoy quieren llevar al aula el último grito de la moda.


Aquel largo día o por qué ser periodista


El día de hoy ha sido muy largo. Apenas dormí anoche. Me latía dentro el presentimiento de lo grande por venir, del acontecimiento que se gesta. Un periodista vive para eso, y por eso.
Toda la mañana estuve cazando la noticia, el ruido de los otros, mi propio teclado, ver la prensa extranjera en acción, sentir la adrenalina que abandona a los semanarios, reposados y más dados al análisis que a la noticia viva, latente justo ante las manos del redactor.

Trabajando en la cobertura
Esperaba mi momento, aquel en que la proximidad al “hipermediático” Papa Francisco, me permitiría conocer de qué se construyen los mitos: vi claro entonces, de realidad concreta.
No pudo la llovizna inoportuna impedir que él llegara hasta allí. Los niños estaban inquietos, querían cantar a toda costa. Desde la emblemática Loma de la Cruz, la prensa apostada pese el clima impertinente, escuchaba a las personas saludar al Papa, así supimos que se acercaba.
Las azoteas lejanas, como mejor evidencia de la densidad poblacional de la ciudad, eran un enjambre de personas agitando las manos, queriendo ver más allá, discernir un acontecimiento que ahora transcurría ante mis ojos.
La Oda a la Alegría comenzó a sonar en las infantiles voces y el Sumo Pontífice, con una sonrisa afable, descendió del vehículo panorámico que durante toda la jornada lo trasladó dentro de la Ciudad cubana de los Parques. Otros cantos entonaron los pequeños a quienes Francisco elogió. Ellos agradecieron humildes, niños al fin, con gozo.

El día de ayer fue muy largo. Apenas dormí la noche antes. Me latía dentro el presentimiento de lo grande por venir, del acontecimiento que se gesta. Un periodista vive para eso, y por eso.
Toda la mañana estuve cazando la noticia, el ruido de los otros, mi propio teclado, ver la prensa extranjera en acción, sentir la adrenalina que abandona a los semanarios, reposados y más dados al análisis que a la noticia viva, latente justo ante las manos del redactor.
Esperaba mi momento, aquel en que la proximidad al “hipermediático” Papa Francisco, me permitiría conocer de qué se construyen los mitos: vi claro entonces, de realidad concreta.
No pudo la llovizna inoportuna impedir que él llegara hasta allí. Los niños estaban inquietos, querían cantar a toda costa. Desde la emblemática Loma de la Cruz, la prensa apostada pese el clima impertinente, escuchaba a las personas saludar al Papa, así supimos que se acercaba.
Las azoteas lejanas, como mejor evidencia de la densidad poblacional de la ciudad, eran un enjambre de personas agitando las manos, queriendo ver más allá, discernir un acontecimiento que ahora transcurría ante mis ojos.
La Oda a la Alegría comenzó a sonar en las infantiles voces y el Sumo Pontífice, con una sonrisa afable, descendió del vehículo panorámico que durante toda la jornada lo trasladó dentro de la Ciudad cubana de los Parques. Otros cantos entonaron los pequeños a quienes Francisco elogió. Ellos agradecieron humildes, niños al fin, con gozo.
En una plataforma discreta y acompañado por Emilio Aranguren, obispo de la Diócesis holguinera, vi por única vez en este largo día al sucesor de Pedro, al hombre que ha revolucionado a la Iglesia Católica. Desde allí, el Pastor Universal bendijo a sus siervos, nos bendijo a todos, en un acto que va más allá de la fe o la religión misma, y solo se traduce en amor.
Cuando globos azules, rojos y blancos, junto a decenas de palomas, emprendieron un vuelo que transformó por segundos el cielo en algo vivo, un estremecimiento me trajo la certeza. Soy afortunada por haber sido testigo de un momento único y muy emotivo, pocas veces tiene una la suerte de mirar la Historia antes de que la recojan los libros. Entonces, pensé, “solo por un momento así, vale la pena ser periodista”.


Comienzo de una verde mañana


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Son las 5:30 de la mañana y camino apresurada, tengo un poco de temor de andar sola, aún persiste la penumbra, pero a cada paso encuentro personas, agrupadas, conversando, animados como si no fuera la madrugada, o lunes.El miedo esfuma. Hoy es un día distinto.
Casi llego a mi destino y oigo unos gritos: “Dame la F…dame, la R….dame la A…” y así hasta completar un nombre que se ha repetido cientos de veces en los últimos días. Porque Francisco, el único Papa latinoamericano, el carismático Pontífice, el argentino hincha del San Lorenzo; arriesgado en sus declaraciones, piadoso y franco, está en Cuba, y nada desde su llegada al archipiélago parece ser cotidiano, el tiempo, incluso, corre a otra velocidad.
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Es las 7:50, ya la Plaza de la Revolución Mayor General Calixto García de Holguín, está siendo ocupada por feligreses de parroquias vecinas que han peregrinado hasta aquí. Bajo una representación del manto de la Virgen acontecerá el oficio que ya es histórico para la diócesis holguinera, una de las más extensas y pobladas de Cuba.
Las declaraciones del Papa Francisco desde su llegada a nuestro país han sido de profundidad insondable. Llegado como misionero de la misericordia ha pedido trabajar por la amistad social y la cultura del encuentro versus la del descarte.
La jornada de hoy promete ser única, estaremos con oído atento, seamos creyentes o no , porque la búsqueda de una sociedad mejor no es asunto de religión sino de fe y esperanza en el ser humano.


Constelaciones abiertas para Edelis


La conocí hace casi 20 años, entonces Paco estaba en el hit parade de los vespertinos de mi seminternado. Me pareció algo muy grande tenerla en la sala de mi casa, tanto que le mostré mis libros de poesía, le enseñe mis textos, unos garabatos insulsos que soñaba publicados cuando fuera una gran escritora.
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Edelis Loyola, la que escribió La piñata, la del Patio de Gabriela en su concepción original, la misma de El piojo, vivía ahí cerquita y se decía que en Cuba, en cuanto a música infantil, estaban Teresita, Liuba o Ada Elba y luego ella.
Durante años coincidimos en diferentes circunstancias, pero solo ahora, cuando vuelvo a cantar sus canciones, esta vez para mi hija, tengo chance de preguntarle a la cantautora de música para niños, y la aprovecho…
¿De dónde llega la música?
La música me llega desde que estaba en la barriga de mi mamá. A ella le gustaba cantar y mi padre tocaba la guitarra y cantaba las canciones de Sindo y Corona. Él me enseñó los primeros acordes. Recuerdo que en casa teníamos un tocadiscos y aunque era muy pequeña no me despegaba de su lado cantando los temas de Teresita Fernández y hasta los Van Van. Tuve una infancia llena de música, pero creo que con eso se nace.
Hace más de 20 años comenzaste a componer para niños ¿cuál fue el motivo?
Realmente fue una necesidad para entretener a mis hijos. No teníamos televisor y llegó un momento que se me agotó el repertorio de canciones que sabía. Eso me dio motivos suficientes para crear los primeros temas que al principio solo les cantaba a ellos. Después fui dándome cuenta de la importancia de componer para los niños, además del placer enorme que me causaba.
Me encantan los niños. Disfruto cada una de sus travesuras y ocurrencias, quizás por todo eso elegí este difícil pero hermoso camino.
Creo en ellos. Porque sé que detrás de cada carita hay un universo por descubrir. Los niños son como esponjas que todo lo absorben, por eso intento a través de mis canciones darles herramientas para que aprendan a andar por la vida descubriendo cosas. Y aunque trato de mostrarles todo lo que puedo, son ellos los que terminan sorprendiéndome a diario con su capacidad y sabiduría.
Además no hay nada más hermoso que la alegría de los niños al cantar, es un verdadero acto de poesía, por eso hacer canciones para ellos se ha convertido en una forma de auto expresión sin límites, porque sé que es el público más exigente, pero también el más agradecido.
¿Prefieres cantar tus canciones o que lo hagan otros intérpretes?
Disfruto mucho cuando canto mis canciones, aunque reconozco que cuando escucho a Liuba cantando El Piojo y a los niños tarareando Paco, me siento igual de feliz, porque las canciones son como los hijos: uno los pare y los cría pero después ellos toman su propio camino.
Tengo muchos amigos cantautores y actores de teatro que tienen mis canciones incorporadas en sus repertorios, y eso me alegra. Ojalá se embullaran y grabaran un disco con mis temas, eso sí, me gustaría poder disfrutarlo, que no sea póstumo…
Perteneces al Movimiento de la Canción Infantil Latinoamericana ¿cuál consideras que es tu aporte a este?
He aportado mi manera de decir las cosas, el lenguaje que empleo, con ternura pero sin ñoñerías, tocando temas poco tratados como El piojo y El chinito Lo que emigró desde China para quedarse a vivir en Moa; el sentido del humor sin caer en groserías y mostrando la identidad de mi pueblo natal, mezclando todo eso con lo didáctico y lo lúdico.
Una de las tradiciones más antiguas de los pueblos es la de jugar cantando, pero además de eso he querido agregar a mis canciones elementos que permitan jugar, cantar y aprender, porque la canción dirigida a los niños debe ser entretenida y mágica, pero con valores esenciales para su formación.
¿Qué pasa con la producción discográfica?
La verdad, no sé. Sería bueno preguntarle a las disqueras cubanas. Voy a cumplir 50 años y no tengo un disco grabado, pero eso le ha pasado a tanta gente en Cuba que a mí no me llena de susto.
Debe ser porque a casi nadie le interesa hacer discos para niños. La producción discográfica de este tipo es casi inexistente. Todo es una mentira, la música infantil ha sido condenada a vivir underground, arrinconada en las programaciones radiales, de TV y espectáculos.
En Cuba, de cada 100 discos que hacen las disqueras, con suerte, uno o dos son para niños. Pero no todo queda ahí, falta un compromiso para difundir este género. Con él y la música campesina ha prevalecido la indolencia, prácticamente nadie la apoya, nadie la rescata, es parte de un juego donde eventos y festivales son inútiles, solo para evocarla tres días al año y nada más.
¿Cómo recuerdas proyectos como El Patio de Gabriela?
El Patio de Gabriela lo recuerdo con una mezcla de alegría y dolor, para suerte o desgracia todas las cosas llegan juntas y cuando comenzamos a grabar yo tenía programada una gira por España y Las Islas Canarias. La grabación no podía detenerse y me vi en la penosa necesidad de no poder continuar en el programa, algo que con tanto amor y trabajo había creado para los niños desde Moa.
Lo quiero como una parte más de mi obra, pienso que fue un programa que hacía falta en la Televisión Cubana y que llegó en un momento importante, donde las propuestas para niños eran escasas, y funcionó ,porque atrajo la atención de los pequeños y se identificaron con él.
¿Qué te dio más placer como realizadora Radial y que te aportó?
La Radio es una de las cosas que más he disfrutado. En ella uno se traslada a otra dimensión. Cuando trabajé en la Voz del Níquel (www.lavozdelniquel.cu), las horas parecían minutos, toda esa magia mezclada con la espontaneidad de los niños parecía un sueño maravilloso.
Escribir un guión semanal, componer las canciones del programa y ensayar con los niños era agotador, pero fascinante, a pesar de todo eso fue lo que más disfruté, y por supuesto, los premios al trabajo realizado y al esfuerzo de mis hijos y los demás niños que resistían largas horas de grabaciones pues La Piñata y Juega mi Canto fueron programas multipremiados en los diferentes Festivales de la Radio en Cuba.
La emisora me aportó muchísimo, sobre todo, a ganar en rigor y disciplina, trabajar en colectivo y lograr esa empatía entre el realizador y el oyente.
Probablemente tu canción más conocida en Cuba sea La Piñata. Muchos recuerdan a Verónica y quizás menos a ti. ¿Cómo te hace sentir eso?
Creo que eso es normal, Verónica con su gracia y espontaneidad de niña en aquel momento conquistó al público, yo lo disfruté mucho. Ese año la Piñata fue la canción más popular del programa de televisión Arcoíris Musical, uno de los pocos que se ha preocupado por defender los musicales para niños en TV. Pero el propósito del concurso era difundir la obra de autores musicales para niños y nadie mejor que ellos para interpretar esas canciones. Me interesa más componer para los niños y que ellos canten y cuenten con ellas, que la incorporen a sus juegos y a la vida cotidiana, con eso ya soy feliz, no me preocupa en lo absoluto vender mi imagen.
¿Cómo influye en tu carrera tener un esposo trovador y una hija flautista?
Mi familia es lo más grande que tengo, doy gracias a Dios por el esposo y los hijos que me acompañan, somos gente apasionada, el proyecto de uno es el de todos, nos involucramos y trabajamos unidos, aportando soluciones y dando ideas, aunque también hay sus discusiones, pero hasta eso es positivo, porque de toda esa tormenta salen buenas cosas. Edelita y Fernando han aportado mucho a mi carrera, no solamente desde el lado afectivo, que ya es suficiente, sino desde el plano profesional. Mi casa es un taller de creación que no para gracias a ellos.
¿Qué ha significado para ti Moa, Holquín, Cuba?
Mi gran escuela para enfrentar la vida fue Moa, allí nací y guardo los mejores recuerdos, mis amigos, mi familia, de ahí salí llena de energía y con las armas necesarias para seguir andando este difícil camino que es crear para los hombres y mujeres del mañana.
Holguín fue un paso importante en nuestras vidas, teníamos la sede de la UNEAC, Casa de la Trova, Televisión, y todo fluyó positivamente, los años que allí viví fueron realmente inolvidables, conocí a muchos artistas holguineros y extranjeros, participé en varios eventos y me sentí realizada como creadora, tenía dos espacios fijos en la ciudad y el amor de niños y padres que me seguían cada domingo, Tengo nostalgia por esos tiempos.
Hace 4 años vivo fuera de Cuba y aunque estoy rodeada de bellos y elegantes edificios, sigo amando a mi país. Con la distancia se extraña todo hasta la cola del pan, los piropos y esa manera de ser tan especial que tenemos los cubanos. Aún sigo creyendo que no hay tierra como la nuestra.
¿Te sientes o te sentiste alguna vez víctima del fatalismo geográfico?
¡¿Fatalismo?! No, nunca. Vivir en Moa no impidió que hiciera todo lo que he querido hacer en la vida, radio, televisión, viajar en más de 4 ocasiones a España e Islas Canarias, conocer a amigos y artistas importantes y dar a conocer mi obra donde quiera que me he parado.
Yo no creo en eso. Está más que demostrado que uno puede ser universal desde cualquier sitio. Comencé en Moa cantando mis canciones, al lado de las minas y fábricas de níquel, y ahora estoy aquí en otras minas, estas de cobre, cantando siempre a los hijos de los mineros, parece que ese será mi sino, pero donde quiera que esté voy a seguir creando y defendiendo lo que hago.
¿Cuáles son tus proyectos y empeños más inmediatos?
Mi proyecto más inmediato es seguir creando, darme a conocer en Chile. He comenzado a actuar en diferentes espacios y me ha ido muy bien. Junto a otros artistas chilenos creamos un proyecto que nombramos Encuentro de dos Américas, es una especie de intercambio cultural entre los pueblos de Cuba y Chile. Igualmente fui invitada al 3er Encuentro de la Libre Expresión Artística Violeta Parra y dentro de poco tendré mi espacio fijo en el jardín botánico de Viña del Mar para continuar mi trabajo en la peña ¨ Dibujando La Melodía¨ donde tendré como invitados especiales: el Coro de Niños Cantores de Viña del Mar, con los que tengo otros proyectos hermosos, los cuales me voy a reservar para la próxima entrevista.
¿Qué crees de la trascendencia?
Creo que a todo creador le gusta que su obra trascienda, aunque no siempre es así. Pero a mí más que trascender me interesa que mi obra funcione ahora y que cumpla su acometido, lo demás solo el tiempo lo dirá.
¿Qué esperas o deseas que suceda con tu música?
Lo que más deseo es que los niños sigan cantando, jugando y aprendiendo con la música que he creado para ellos, que la musa me visite como hasta ahora, para sorprenderlos cada vez con más y mejores canciones.
Aunque no me gustaría que mi música quedara grabada en la memoria del viento, sostengo que la obra es lo principal, porque es lo que va a quedar después que yo no esté, pero me queda mucho por hacer, y aú pueden abrirse las constelaciones.


Trovaminando


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Dice que ha cantado al viento, literalmente, que a veces, solo dos o tres se acercan a escucharle, como al loco que grita una profecía que nadie cree. Dice que quiere hacer canciones que estremezcan pero que sobre todo movilicen el pensamiento. Dice que no es sencillo lograrlo entre el pizarrón, la Mecánica y las cuerdas de su amante terca, a la que arranca sonoros estallidos.
Tiene 24 años y está cómodo cuando le dicen Trovador, aunque se llama Eider Gresesqui Lobaina, y propone testarudos acordes en nombre de la canción necesaria. Hace un año se graduó de Ingeniería Mecánica y trabaja como profesor en el Instituto Superior Minero Metalúrgico de Moa (.
¿Cómo se unen la guitarra y la Mecánica?
“Es bastante complejo porque ambas requieren de mucho tiempo y estudio, sobre todo ahora que comienzo y debo prepararme en una asignatura que nunca he impartido.
Mi trabajo es dar clases, por eso me pagan. La música es una afición, aunque no la veo como un hobby, la escogí de manera natural. En cambio la Mecánica fue un paso más que debí dar en la vida, al terminar el preuniversitario. Esa no era mi vocación. Realmente siempre quise ser músico, pero donde vivo nunca se me dieron las oportunidades y tuve que seguir estudiando”.
¿Por qué escoges la trova como medio de expresión?
“Es lo que siento. Durante la infancia y adolescencia negaba a Pablo y a Silvio, los escuchaba pero decía que quería oír algo más. También Raúl Torres y Polito Ibáñez me atarían aunque no era capaz todavía de reconocerlo y creo que era por falta de madurez.
Al llegar a la universidad, ya tocaba algo de guitarra y sentí la necesidad de hacer canciones, pero no quería hacer una cualquier para divertir a alguien. Aspiraba hacer algo importante y necesario. Por suerte, desde pequeño mi papá me había inculcado el hábito de lectura, algo fundamental para mi propósito, además veo los noticieros, mesas redondas, también muy útiles, aunque algunos no lo crean, pues el ser humano está muy ligado a la política, en Cuba y en cualquier parte del mundo.
Escogí la trova porque me permitía expresarme y exigía hacer buenas canciones. Las malas le salen a cualquiera. Para hacer la canción necesaria que, a mi juicio, no es solo la canción de amor, aunque esta sea imprescindible en nuestros tiempos y es algo que hay que mantener, pero el trovador debe estar bien informado”.
¿Cuáles son tus referentes?
“Son todos cubanos. Son mis amigos, trovadores de varias partes del país. Pero mis referentes más fuertes son Frank Delgado, William Vivanco y Silvio Rodríguez, no obstante admiro a Pablo, también a Noel Nicola y la vieja trova tradicional, de ellos es obligatorio hablar si se trata de trova cubana”.
¿Qué temas abordas con mayor frecuencia en tus canciones?
“Comencé por el amor, creo que el arte nace a partir de él, pero últimamente me interesa más hacer canciones de temática social, crítica. Esto lo han hecho compositores de otras generaciones como Carlos Varela o Frank Delgado, pero me pregunto ¿en la Cuba actual ya no hay problemas, este es un país perfecto? Creo que no, a partir de ahí hay que seguir creando, denunciando las cosas malas a favor de la prosperidad, no con el fin de destruir sino de mejorar y elevar el sentido humano”.
¿Cuál es el papel de la música en tus creaciones?
“La trova no es un género, es un movimiento que se retroalimenta de muchas variantes. En mis composiciones lo primero es un ritmo, a partir de ahí comienzo a pensar qué puedo decir, pues letra y música deben ir a la par”.
¿Cómo evalúas la salud de la trova cubana actual?
“Me parece fuerte, a pesar de que son otros géneros los que están en el boom, y de que realmente la trova no está de moda, nunca lo ha estado…pero, tras visitar varias provincias he constatado que todavía existen muchas personas haciendo trabajos muy interesantes y creo que por eso la trova se mantiene viva y lo hará por mucho tiempo porque es un movimiento para perdurar”.
Al ser un joven trovador que vive en el municipio más oriental de una provincia oriental ¿te sientes víctima del fatalismo geográfico?
“Sí, actualmente lo soy. El fatalismo geográfico me atrasa. Llegar a La Habana es muy difícil.
Vivo en un municipio minero, de trabajadores fuertes, no obstante aquí se hace cultura. Tenemos exponentes como los trovadores Fernando Cabrejas, que ahora vive en Holguín, Freddy Laffita, quien se trasladó para Las Tunas y el Dúo Cofradía, que radica en Trinidad. Como verás todos ellos se han tenido que ir. O sea, el mensaje es bien claro: es necesario salir de Moa y darse a conocer en otros lugares.
¿Dónde te presentas?
Tengo un espacio dos veces al mes en el Instituto, una peña que se llama Trovamina, también actúo en la Casa del Joven Creador, del centro de Moa.
¿Cuáles son tus proyectos más inmediatos?
Seguir participando en los eventos que se desarrollen en el país, como el Festival de la Canción Política, Longina, Al sur de mi mochila, Trovándote. Me convertiré en una especie de cazador de eventos porque en ellos se aprende mucho y se conoce a otros trovadores y su obra. También quiero superarme para lograr mejores composiciones.
Me gustaría perfeccionar mi modo de hacer canciones pues me declaro nuevo porque el trovador no se hace en dos días, debe superase con los años. Nosotros nunca terminamos de escribir las canciones, ni seremos reyes de la trova, ni los mejores guitarristas o cantantes.
¿Cómo te autodefines, eres un hombre que escribe y toca la guitarra, un músico o un mecánico que canta?
Soy esencialmente trovador, es lo que llevo por dentro, lo que me gusta, y es lo que en un futuro, que espero sea cercano, quisiera hacer: llevar la canción inteligente donde la necesiten.


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BLOG de YEILÉN DELGADO CALVO. Aquí dejo mis opiniones sobre Cuba, el mundo, la vida. Corro el riesgo de equivocarme, segura, - como dice el poeta - de que "por un fuego que no des a tiempo puede no salir el Sol"

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