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Donde el tiempo no se detuvo


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Un pueblito en un valle. Un río, sierpe temible que duerme en silencio hasta que el aguacero insufla vida a su cauce. Entonces se derrama, muerde la tierra, arrasa, pero hoy no, hoy está quieto.

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Es mayo. Hay gente en las esquinas. Un cumpleaños cualquiera hace que cierren la cuadra y se pare el tránsito en una vía cercana al centro. Pero a todos les parece natural.
Carretillas con mangos, tomates, pepinos, piñas. En el parque los de siempre y los de paso, la iglesia gris y añeja al fondo, católica, apostólica y romana como la de los pueblos con sabor antiguo.
En la casa de cultura un hombre sigue luchando contra la desmemoria y ahora su nombre está escrito en la pared: Mingolo, su aula de música y al lado la biblioteca y el reposo de los libros que esperan manos nuevas.
Bajo por la calle más transitada y hay un lugar insigne, allí van todos aun sin ser invitados, sin costo alguno. Allí se habla de política, religión, pelota, economía, de lo irremediable. Se llora a ratos, se cuentan chistes verdes, rojos, negros, se toma café, se comen bocaditos y se dice “y cómo fue…”
Más tarde la multitud camina despacio todo el trayecto hasta el camposanto rindiendo honor al que parte, a su familia, a la memoria, porque en Sagua la muerte es un momento esencial de la vida, un pretexto para coincidir. Casi religiosamente se despide duelo sea quien fuere el difunto, se llora mucho, hasta se puede beber en nombre del que ya no está.
De regreso te encuentras con tantos personajes pintorescos : hay borrachines simpáticos, guapos temibles , escritores semidesconocidos, viejos héroes de guerras casi olvidadas, ancianas memorables que desde el portal saludan, aconsejan, abrazan, ordenan, amarran el tiempo.

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Así llega la noche. En el parque la música sube, en las casas la humedad del río se cuela, reina el sueño, pero algo lo interrumpe, voces, clarinete, guitarra en la ventana. Son las doce y empiezan las serenatas, nunca madrecita del alma querida suena más conmovedor ni franco, son jóvenes van de puerta en puerta cantando a vecinas de años y a desconocidas que salen de la modorra para agradecer el gesto y luego dormir con la música arrullándole a lo lejos.
Al día siguiente todos se saludan, se felicitan. Los que vienen de viaje como si nunca hubieran partido, los de casa con actitud de anfitrión confiable.
Y pasan los días en Sagua de Tánamo, un pueblo donde algunos piensan que no cambia nada, que el tiempo se detuvo, pero las costumbres, la tradición, y algo que tiene que ver con las esencias del pueblo chico permanecen pese a la señal wifi y la televisión digital, pese al tiempo.


La maldición del cromosma X


No sé si la primera en bajar del árbol fue hembra o si el fuego lo empleó una primigenia ama de casa hastiada del mamut crudo. Dicen que tras cada gran hombre hay una gran mujer. Si es por Napoleón, esta relación de proporcionalidad no ayudaba a Josefina. Eso me lleva a preguntarme: ¿qué estatura tendrán los esposos de las grandes mujeres de la Historia humana? Continuar leyendo


Aroma de mariposas


 

 

No alcancé a escuchar su voz en la radio o verla en vivo en la televisión para hacerme una imagen suya. Debí conformarme con las fotos y lo que enseñan los libros. Ella murió demasiado pronto, aun así apostaría a que olía a mariposas, tanto tiempo prendidas de su pelo debieron marcarla con ese aroma a Cuba de los níveos pétalos.

FLOR

Han transcurrido 36 años de ese acontecimiento y algunos afirman que aquel 11 de enero también murió una esencia, algo estrechamente ligado a la Revolución. Otros aseguran que era como una santa, pero una santa que fumaba mucho y se vestía con sencillez, que implantó algunas modas, aunque también llevaba el verdeolivo como si fuera glamouroso atuendo. La mujer era fuerte, tanto que subió a la Sierra a poner un busto de Martí y luego a liberarla, y al resto de la isla. Una celosa guardiana de la verdad que se ocupó de que la Historia recogiera con detalle minucioso cada evento de esos días en que las montañas fueron trampa y abrigo.

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También dicen que sabía entender a los que a ella acudían con algún pedido. Cuentan que era muy justa y que trabajaba como si supiera corto el tiempo y tratara de aprovecharlo minuto a minuto. Los niños de aquellos primeros años de la Revolución que vivían cerca de su casa atestiguan como entre pillos y curiosos iban a pedir los mangos de su patio y no pocos hicieron carreras gracias a su proverbial generosidad y comprensión.

Por eso se multiplican los homenajes por estos días a la heroína, como el que rindieron estudiantes, trabajadores de servicios y docentes holguineros este viernes, en el campus universitario que lleva su nombre, pues Celia Sánchez Manduley se trocó en símbolo en un país donde la mujer comenzó, con cubanas como ella, a forjarse un sitio a la misma altura de los hombres.


Cambia ¿todo cambia?


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¡Cómo han cambiado las cosas desde que empecé a estudiar hasta hoy! Y no es malo. El inmovilismo y la perpetua quietud de la roca no van con el comportamiento humano. El cambio para bien, el que se espera de las mentalidades; el de la actitud de desidia y de indolencia por un proceder responsable para con los demás, ese, es necesario.
Sin embargo, a pesar del tiempo hay cosas que veo inamovibles. Por ejemplo la eterna contienda de los profesores con el alumnado respecto al correcto uso del uniforme, trasciende cualquier moda o generación. Supongo que es tan antigua como los mismos atuendos, que dicho sea de paso, son de igual diseño hace varias décadas pero se rigen por los mismos reglamentos que cuando fueron concebidos.
¿Quieren una evidencia de lo reticente del susodicho tema? Hace casi un año, tras 20 de su estreno en la televisión nacional, se transmitió la serie Blanco y Negro no. Ubíquense, moda de los ´90, extra talla, todo como si lo hubieras comprado para tu pariente más obeso. Y allí estaba el chiquillo de la camisa por fuera, irreverente y con el pelo largo, siempre fustigado por sus indisciplinas que se extendieron hasta casi el último capítulo. También vimos al brillante Alejandro Cosío, que se las sabía todas, sacaba 100, aunque fue requerido igualmente por violar el reglamento escolar en cuanto a la apariencia que se debe conservar en un centro de estudios.
Seamos justos, no son mejores o peores los estudiantes por el largo de su saya, estrecho de su pantalón o ajustado de sus blusas. Así mismo es imposible que estas prendas sigan el vertiginoso y voluble paso de la moda, no están pensadas para ir de fiesta. Su nombre indica el propósito para el que han sido concebidos: la uniformidad. Ellos son además un modo de educar en el cumplimiento de normas, disciplina y respeto.
Pero el análisis de las indisciplinas que acarrea el uso incorrecto del uniforme escolar no debe ser el centro del proceso educativo donde otros factores demandan atención urgente y son, a mi juicio, más importantes, por ejemplo, la formación vocacional, tan deficiente y necesaria, el rigor para evitar el fraude académico, el cumplimiento cabal del horario, la calidad de las clases y la disponibilidad de docentes para impartirlas.
Se ha hablado por horas y escrito decenas de cuartillas sobre la formación de valores, los métodos para lograrlo son algo que necesita revisarse pues considero ineficaz el que conocí en mi aula de quinto grado, donde escribieron en hojas de papel los principales que supuestamente correspondían a un niño y los pegaron en los cristales de las ventanas para luego hacernos memorizarlos como hueca cancioncilla que luego termina por olvidarse o perder su valor semántico.
Así mismo aprendimos de memoria nombre y significado de cada símbolo y atributo, con sus repasos respectivos cada vez que se anunciaba visita a la escuela. No diré fue que fue inútilmente, pero de seguro habrán recursos más eficaces para formar conciencia de la nacionalidad y sentido de pertenencia, si no se respetaran más cada uno de estos símbolos.
¿O les parece adecuado lo siguiente?: ante el nivel casi inaudible con se canta en muchos lugares el himno, un profesor de una escuela X de esta ciudad, los hizo repetirlo una y otra vez. El canto liberatorio que en el Bayamo colonial henchía pechos, en aquella escuela fungía como castigo. Pero no se asombren, ese es un viejo método. Si lo sabré yo que junto a mis condiscípulos lo repetía a voz en cuello y saludando la bandera hasta que al director de mi seminternado le parecía correcto.
No, no se educa así, no germina el amor por la Historia y sus hacedores imponiendo sanciones con lo que la representa, no se cultiva disciplina persiguiendo chiquillas con la cinta métrica como arma, para ver si su saya es realmente del largo exigido, que lo digan todo los que han pasado de la primaria al pre y tuvieron compañeras que prácticamente iban en minifaldas. Al final fueron a la universidad, o no, pero no fue determinante cuánto muslo mostraron, más allá de los cuatro dedos reglamentarios.
Ojo, no promuevo un relajamiento en lo estipulado respecto al vestuario de los educandos, sino dedicar la cantidad de tiempo y energía fundamental a problemas más serios que sí podrían determinar el futuro de los que hoy quieren llevar al aula el último grito de la moda.


Fin de año: suma y sigue…


Un mes antes saco la agenda y con un título soñador comienzo, COSAS POR COMPRAR, debajo crece mi imaginación: carne, sidra , aceitunas, turrones Jijona y Alicante, helado, uvas pasas, chocolates, vino, ensaladas, cerveza, vianda, casabe, especias, refresco para los que no beben alcohol… Todo para consumir en un día. Esto lo hago sin contar con él, para que luego me censure, acorte mi lista, espante mi sueño y me impida sucumbir ante la gula.
Después de tanto planear menús alternativos, me sorprende la fecha, pues diciembre parece tener cada año más prisa por irse. Sin nada en las manos quisiera que las fiestas fueran las del año nuevo lunar, en China: en enero o febrero, pese a que tenga que disfrazarme de león o dragón, aunque bien podría reservar ese vestuario para la cola en el “agro”.

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Ahí es cuando él hace lo suyo: Salario me sacude por las solapas imaginarias y me dice: a madrugar, por si hay carne a 17; compra turrones de maní, que sus primos ibéricos Jijona y Alicante, pueden costar un cuarto de tus ingresos mensuales; ensalada de “loquehaya”, la más nutritiva; el casabe… bueno, ese aún no vuela tan alto como otros rubros. Así voy ajustando la lista a mi bolsillo y con lo que alcanzo a adquirir, el 31 de diciembre me vuelve maga o anirista en medio de mi cocina.
Pero me desempeño con dignidad, que a final el cubano siempre añora la combinación perfecta: puerco asado, congrí y yuca con mojo. ¡Y allá va eso! Aunque siempre ocurren imprevistos, como la ocasión en que el horno no encendió y debimos improvisar un brasero en el balcón de un segundo piso. O cuando, listo el pernil al carbón, todos entraron a casa y dejaron al asado solo; al regresar, perros más inteligentes que humanos celebraban el fin de una prolongada inanición.
Pese a preparativos con varios días de antelación, a la hora de los mameyes, parece que el puerco estará para el Nowruz, el antiguo año nuevo persa, que se celebraba en marzo. O peor, que se termine para el Enqutatash, cuando inauguran su calendario los etíopes, el 11 o 12 de septiembre de 2016; sobre todo si al frente de esa “tarea de choque” hay más de una persona y todos quieren ser jefes.

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Quizás la demora es parte de la tradición y obliga a todos a estar en torno al fuego, o no, pero sí a conversar, a rememorar años pasados, puercos que quedaron crudos; muchachos que pedían huevo frito en lugar del humeante cerdo que llenara de callos las manos de sus padres; se habla de viejas costumbres para días como este y se siente hambre… pero se aguanta para entrarle con ganas al pellejito y a unas masas con mojito.
Por eso, desecho la usanza española de comer 12 uvas una por cada campanada de la medianoche; ignoro la griega, quienes comen un pastel donde pusieron una moneda que hará afortunado a quien la halle; aunque viendo cómo les va a los griegos, parece que no les ha tocado el trozo premiado a una “pila” de gente por estos días. Tampoco asumo el hábito común en Suecia y Noruega, donde esconden una almendra dentro de arroz con leche, dicen que para la buena fortuna.
Mientras en los templos budistas suenan 108 veces los gongs, los cubanos nos abrazamos, con el himno de fondo y Serrano u otro locutor del NTV felicitándonos por un Primero de Enero más, lanzamos agua pa’ la calle, rodamos la maleta por toda una cuadra y finalmente comemos el lechoncito que, tarde pero seguro, llega. Yo murmuro como mi bisabuela: misericordia pa’ los hermanos de la tierra.
Vale la pena quedar en bancarrota, a fin de cuentas el 31 no está tan lejos del día 5.

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El orgullo de hacerse un afro


Tenía tres años pero aún lo recuerdo. Quería tenerlo como Ana Gabriel, aunque ahora me avergüence de semejante comparación. Ya que conocía sus canciones de cabo a rabo, era lo más lógico. Lo movía a un lado y al otro pero nada. Solo mojado era domeñable, pero cuando el viento hacía lo suyo “mamá África” regresaba.
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Con el tiempo y ante la imposibilidad de peinarlo como quería, comencé a culpar a mi papá, o mi tatarabuelo, quien a decir de una tía soñadora, después de llegar de Europa se casó con una mulata.
No pudieron “peine caliente y potasa”, como recomienda el trovador Fernando Bécquer, ni plancha, ni torniquete, ni la raqueta de mi mamá.
Con el tiempo debí resignarme, aunque a veces tenía recaídas y buscaba una peluquera ducha en la materia para que volviera a intentar aquello que no hizo la naturaleza. Un día comencé a considerar la posibilidad de que, en el fondo, la idea fija de alisarme el pelo era un modo de no aceptación a mi mestizaje, una falta de asunción de la negritud innegable heredada de los Prego.
Entonces me sentí racista y decidí que llevaría el pelo rizo, no por resignación sino por principios, a fin de cuentas lo había dicho el poeta, “el que no tiene de congo tiene de carabalí”, y quizás yo hasta tenía de los dos.
Comencé a ver distinto a quienes se hacían drelos o afros, me parecía de una valentía y orgullo admirables. Consideraba indigno que una negra o mulata se pusiera trenzas sintéticas o implantes, casi siempre tan obvios, queriendo, a mi juicio parecer blancos. Me molestaba ese intento fallido de despigmentación. Pero erraba, y lo he puesto sin H.
Resulta que alguna vez Hanna Montana, también conocida como Miley Cyrius, se puso extensiones y nadie le criticó que su entonces largo cabello, fuera de mentiras. Y pensar en cuán vilipendiadas fueron las que cosieron a su pelo original lacias melenas, inconformes con la hirsuta propia.
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Considerar que se es más o menos negro por cómo te acomodes el pelo, o si escuchas cierta clase de música, vives o hablas de un modo, o sabes bailar rumba, cosa que ignoro por completo, es una posición absurda y una valoración epidérmica de la realidad, puesto que cada individuo es uno en sí mismo, y asume la racialidad según su mundo interior.
Las personas son, obviamente, mucho más que su piel. Lo que hacen, cómo lo hacen y el efecto que esto tiene en los demás es más importante que cualquier otra cuestión referente a su apariencia física.
Una amiga me comentaba que en Cuba el racismo es una costra. La verdad hasta que conversé con ella sobre el tema mi percepción era aún limitada. Mi amiga alegaba lo difícil de salir a flote en una sociedad donde, pese a los cambios hacia su interior, prevalecen barreras en la subjetividad que hacen emitir juicios precipitados y a veces inconscientes, hacia las personas de tez negra o mestiza. De ahí el empeño que muchas de ellas ponen en reafirmarse, mostrar su destreza en lo profesional, su capacidad de equipararse a cualquier blanco en la ropa, los modales, las notas o el coeficiente intelectual.
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Debe ser complicado vivir en una eterna competencia, invertir tiempo de vida tratando de demostrar una superioridad o capacidad para algo, solo porque alguien pensará que eres menos si eres negro. Si ese alguien te juzga desde tu entrada a un recinto por tu piel, estarás signado por la constante necesidad de demostrar que “sí, somos iguales”, o “yo también puedo….”, estarás en una posición de desventaja y por supuesto querrás que tu piel no se interponga en la obtención de tus metas.
Nunca reparé en lo que realmente les hace el racismo a las personas en nuestro país porque no lo había sentido en mi piel, blanca según mi carné de identidad. Estaba, como tantos, acomodada en el supuesto de que el hombre nuevo está por encima de miseria semejante. Pero no se puede ser tan ingenuo. Ahí están los chistes denigrantes, el triste piropo ante una mulata voluptuosa: “qué clase de blanca se perdió”, el asunto de que si no es a la entrada es a la salida, la constante culpa de cualquier delito sobre el hombro negro. Todas estas evidencias tan recurrentes me molestan en lo más profundo de mi ADN.
El racismo es un lastre, más de 50 años de Revolución no bastan para cambiar la conciencia social, su entramado y dinámica. La subvaloración y los prejuicios caminan a nuestro lado día a día, a veces hasta somos sus portadores. Tendremos que revisarnos, para cuando nuestros hijos nos traigan a casa una novia mulata dejemos de pensar en lo difícil de hacer trencitas a nuestros nietos.


Inducción y deducción o el extraño caso del fogón desaparecido


módulo ofertado ala población

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La anciana esperaba tomar un café, quizá para mantenerse alerta en la cola en que durante horas aguardaba frente al mercado industrial La Marquesita, para comprar su fogón de inducción. Indagué si aún quedaban y con seguridad absoluta contestó que se habían terminado pero que “decían” que traerían más.
Sin embargo una de las dependientas del establecimiento aseguró no tener el producto en existencia y desconocía la fecha de reabastecimiento, “pero los clientes piensan que los están engañando y continúan con sus colas”.
Entre quienes esperan en la ciudad de Holguín se haya María Rancaño, inconforme con las respuestas que mediante sus pesquisas obtuvo, llegó a la redacción de este semanario: “Nosotros nos dirigimos a Comercio, al Gobierno, a Telecristal, pero la respuesta y la solución al problema tiene que darla Almacenes Universales del Coco. Comercio nos dice que los máximos responsables son ellos, que son quienes tienen que distribuir y están abarrotados de cocinas. Allá nos dicen que no tienen que darle respuesta a la población…”
Diamela Rodríguez, asegura: “en La Casa Azul hace más de tres días que esperamos que se surtan y no lo hacen, todos se lavan las manos y no se resuelve la situación y a los dependiente de las tiendas también se le exige una respuesta al pueblo. El viernes se distribuyeron 500 módulos de cocción a dicha tienda y solo han salido a la población 131, no es posible que no queden, ¿el resto dónde está?
Al respecto Leydis Zaldívar, encargada de la Atención a la Población del Grupo Empresarial de Comercio de Holguín explica:“ recibimos una queja de que en la Casa Azul habían llegado 100 módulos y que en el número 50 de artículos vendidos se habían acabado. Se hizo una comprobación y realmente habían unas cuantas hornillas defectuosas que no llegaban a los 100. No sé cómo sabían de estas cifras, pues en realidad eran 50 y cuatro tenían defectos, esto se confirma según el vale de entrada y facturas. No se han comprobado las irregularidades denunciadas, a pesar de que se han hecho investigaciones al momento.
Entiendo a la población pero hay una situación desfavorable y los usuarios deben comprenderlo, no hay más módulos y hasta una segunda etapa no volverán a entrar. Ellos se están desgastando en los corredores de las tiendas haciendo colas, marcando y rectificando inútilmente”.
Diamela Rodríguez recuerda una vieja máxima, el cliente siempre tiene la razón, pero ¿es esta una verdad absoluta? No, primero porque somos humanos y en nosotros vive la constante posibilidad de errar, segundo, porque no se trata de Almacenes Universales como empresa mayorista quien se encarga de la distribución de estos artículos, sino del Grupo Comercializador de Productos Industriales y de Servicios Universal Holguín, o sea que son dos entidades distintas en su objeto social y organismo de subordinación.
Por otra parte no es cierto que los almacenes del último estén abarrotados de la mercancía demandada por los consumidores. Según Rafael Torres, director comercial de “la Universal”: “En una primera etapa se entregaron a la provincia 15 mil 250 módulos para los casos sociales, que recibimos de DIVEP, estos fueron distribuidos en toda la red junto al modelo de propiedad y de garantía.
Para las ventas liberadas se priorizaron seis provincias entre ellas Holguín con una asignación de 23 mil 800 módulos, de estos 16 mil 600 los distribuimos según indicaciones de Comercio. Actualmente comenzamos a recibir el 30 porciento pendiente, o sea 7 mil 200, los que serán entregados a la red comercial”.
Antes de que las ventas de los fogones de inducción comenzaran, Omer Gonzalez, director comercial del Grupo Empresarial de Comercio Holguín informó que “se tuvieron en cuenta las características de la provincia y entre los elementos valorados estuvieron los municipios en los que se realizó la venta liberada de gas licuado: Holguín y Moa, por tanto en la distribución se priorizaron los restantes en función de la política actual ”.
Armando Contreras Tamayo aect@ain.cu

Armando Contreras Tamayo aect@ain.cu


Pero otra vez la demanda es superior a la oferta, al parecer los estudios de mercados no se hacen o son imprecisos y personas como María Rancaño o Diamela Rodríguez se ven afectadas, no solo por el desabastecimiento, sino por la falta de la información clara en el momento preciso. Tampoco se debe olvidar que el personal de cualquier entidad estatal debe atenderse al público con cortesía y respeto independientemente de si la respuesta a su reclamo es positiva o no.
Este proceso de venta ha estado signado por los ya habituales personajillos encargados de la venta de turnos, los “organizadores” de las colas y aquellos que hacen correr rumores buenos o malos que mantienen en vilo al que espera. Los precios de un sitio en la fila van desde los 100 hasta los 375 pesos y las madrugadas en vela se acumulan en un público cuya necesidad se evidencia en el sacrificio por obtener un artículo que aunque fue concebido para facilitarles la vida y garantizarles confort, para algunos se ha convertido en pesadilla.
Si el abastecimiento fuese constante se evitarían tantas molestias y de seguro el pillaje y los tejemanejes que generan estas coyunturas hacia el interior y el exterior de los puntos de ventas. No obstante hay una luz, según Rafael Torres, director comercial de la Universal “el país actualmente completa el plan del resto de las provincias. Mensualmente se ensamblan alrededor de 35 mil fogones yen 2016 debemos recibir 27 mil módulos más”.


De lupas y catalejos

BLOG de YEILÉN DELGADO CALVO. Aquí dejo mis opiniones sobre Cuba, el mundo, la vida. Corro el riesgo de equivocarme, segura, - como dice el poeta - de que "por un fuego que no des a tiempo puede no salir el Sol"

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