Archivo mensual: septiembre 2015

Aquel largo día o por qué ser periodista


El día de hoy ha sido muy largo. Apenas dormí anoche. Me latía dentro el presentimiento de lo grande por venir, del acontecimiento que se gesta. Un periodista vive para eso, y por eso.
Toda la mañana estuve cazando la noticia, el ruido de los otros, mi propio teclado, ver la prensa extranjera en acción, sentir la adrenalina que abandona a los semanarios, reposados y más dados al análisis que a la noticia viva, latente justo ante las manos del redactor.

Trabajando en la cobertura
Esperaba mi momento, aquel en que la proximidad al “hipermediático” Papa Francisco, me permitiría conocer de qué se construyen los mitos: vi claro entonces, de realidad concreta.
No pudo la llovizna inoportuna impedir que él llegara hasta allí. Los niños estaban inquietos, querían cantar a toda costa. Desde la emblemática Loma de la Cruz, la prensa apostada pese el clima impertinente, escuchaba a las personas saludar al Papa, así supimos que se acercaba.
Las azoteas lejanas, como mejor evidencia de la densidad poblacional de la ciudad, eran un enjambre de personas agitando las manos, queriendo ver más allá, discernir un acontecimiento que ahora transcurría ante mis ojos.
La Oda a la Alegría comenzó a sonar en las infantiles voces y el Sumo Pontífice, con una sonrisa afable, descendió del vehículo panorámico que durante toda la jornada lo trasladó dentro de la Ciudad cubana de los Parques. Otros cantos entonaron los pequeños a quienes Francisco elogió. Ellos agradecieron humildes, niños al fin, con gozo.

El día de ayer fue muy largo. Apenas dormí la noche antes. Me latía dentro el presentimiento de lo grande por venir, del acontecimiento que se gesta. Un periodista vive para eso, y por eso.
Toda la mañana estuve cazando la noticia, el ruido de los otros, mi propio teclado, ver la prensa extranjera en acción, sentir la adrenalina que abandona a los semanarios, reposados y más dados al análisis que a la noticia viva, latente justo ante las manos del redactor.
Esperaba mi momento, aquel en que la proximidad al “hipermediático” Papa Francisco, me permitiría conocer de qué se construyen los mitos: vi claro entonces, de realidad concreta.
No pudo la llovizna inoportuna impedir que él llegara hasta allí. Los niños estaban inquietos, querían cantar a toda costa. Desde la emblemática Loma de la Cruz, la prensa apostada pese el clima impertinente, escuchaba a las personas saludar al Papa, así supimos que se acercaba.
Las azoteas lejanas, como mejor evidencia de la densidad poblacional de la ciudad, eran un enjambre de personas agitando las manos, queriendo ver más allá, discernir un acontecimiento que ahora transcurría ante mis ojos.
La Oda a la Alegría comenzó a sonar en las infantiles voces y el Sumo Pontífice, con una sonrisa afable, descendió del vehículo panorámico que durante toda la jornada lo trasladó dentro de la Ciudad cubana de los Parques. Otros cantos entonaron los pequeños a quienes Francisco elogió. Ellos agradecieron humildes, niños al fin, con gozo.
En una plataforma discreta y acompañado por Emilio Aranguren, obispo de la Diócesis holguinera, vi por única vez en este largo día al sucesor de Pedro, al hombre que ha revolucionado a la Iglesia Católica. Desde allí, el Pastor Universal bendijo a sus siervos, nos bendijo a todos, en un acto que va más allá de la fe o la religión misma, y solo se traduce en amor.
Cuando globos azules, rojos y blancos, junto a decenas de palomas, emprendieron un vuelo que transformó por segundos el cielo en algo vivo, un estremecimiento me trajo la certeza. Soy afortunada por haber sido testigo de un momento único y muy emotivo, pocas veces tiene una la suerte de mirar la Historia antes de que la recojan los libros. Entonces, pensé, “solo por un momento así, vale la pena ser periodista”.


Comienzo de una verde mañana


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Son las 5:30 de la mañana y camino apresurada, tengo un poco de temor de andar sola, aún persiste la penumbra, pero a cada paso encuentro personas, agrupadas, conversando, animados como si no fuera la madrugada, o lunes.El miedo esfuma. Hoy es un día distinto.
Casi llego a mi destino y oigo unos gritos: “Dame la F…dame, la R….dame la A…” y así hasta completar un nombre que se ha repetido cientos de veces en los últimos días. Porque Francisco, el único Papa latinoamericano, el carismático Pontífice, el argentino hincha del San Lorenzo; arriesgado en sus declaraciones, piadoso y franco, está en Cuba, y nada desde su llegada al archipiélago parece ser cotidiano, el tiempo, incluso, corre a otra velocidad.
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Es las 7:50, ya la Plaza de la Revolución Mayor General Calixto García de Holguín, está siendo ocupada por feligreses de parroquias vecinas que han peregrinado hasta aquí. Bajo una representación del manto de la Virgen acontecerá el oficio que ya es histórico para la diócesis holguinera, una de las más extensas y pobladas de Cuba.
Las declaraciones del Papa Francisco desde su llegada a nuestro país han sido de profundidad insondable. Llegado como misionero de la misericordia ha pedido trabajar por la amistad social y la cultura del encuentro versus la del descarte.
La jornada de hoy promete ser única, estaremos con oído atento, seamos creyentes o no , porque la búsqueda de una sociedad mejor no es asunto de religión sino de fe y esperanza en el ser humano.


Laicos holguineros: hombres de acción y de fe


Msc. Marjel Morales Gato
Lic. Liset Prego

Un análisis tal vez chovinista de la Historia, podría dejar ver a Holguín como el sitio por dónde llegó a Cuba la religión católica, si se tiene en cuenta que fue por Bariay (https://es.wikipedia.org/wiki/Bariay), por donde desembarcó Colón, y tras este hecho se desencadenaron tantos que implican a toda la Isla y que, según nos cuentan los libros, están llenos de acontecimientos que pueden establecer un prejuicio ante la Iglesia.
Larga y enrevesada ha sido la relación de dicha institución con las autoridades del país y la que fuera su metrópoli, y las diferencias Iglesia- Estado no se circunscriben a las de los primeros años de la Revolución en el poder.
No obstante, movidos por la fe o ideales de trabajo para el bien común, en Europa primero y en Cuba después, surgieron alrededor de la Iglesia Católica, organizaciones que si bien mantenían con ella un estrecho vínculo no eran propiamente religiosas. Muchas se mantienen hoy bajo un halo de misterio, otras han desaparecido, muchas se encuentran ausentes de los libros de texto, y solo renacen cuando las manos de un investigador incisivo y persistente, remueve el polvo a las evidencias que de su existencia permanecen.
La creación de asociaciones de laicos católicos responde a las formas en que se constituye el hecho religioso y a la expresión de las funciones que posee la religión como fenómeno humano. El surgimiento de organizaciones dentro del laicado católico tiene sus orígenes en la Europa de mediados del siglo XIX, con países como Bélgica, España y Francia a la cabeza. Muchas surgieron con el propósito de apoyar la labor de la Iglesia católica en los diferentes ámbitos de la cotidianidad de un país o imperio y para hacer frente a las corrientes liberales que emanaron de la Revolución Francesa.
En Alemania en 1848 se produjo el primer congreso de asociaciones laicas que propició el auge del movimiento católico encabezados por laicos.
En el caso de España, entre 1851-1874, nacieron algunas asociaciones cuya razón fundamental fue hacer frente a los ataques anticlericales, que se produjeron con mayor fuerza, posteriormente a consecuencia de la revolución republicana de 1868 y en la que fue abolida por breve tiempo la monarquía. Esta influencia en mayor o menor medida también fue vivida en las colonias americanas como se verá posteriormente.
Es común, en una parte importante de la sociedad, confundir las organizaciones católicas laicas con las de tipo clerical. En muchos casos esto se debe al establecimiento de órdenes de carácter confesional dentro del catolicismo, que han desempeñado un papel protagónico dentro de esta religión a lo largo de los siglos. Estas órdenes han servido de nexo entre la sociedad y la Iglesia, nutriendo a esta última de fieles que han llegado a sentir la vocación eclesiástica. En la actualidad estas organizaciones o denominaciones de tipo confesional, son parte de la estructura interna de esa entidad.
Paralelo a este fenómeno que continúa en desarrollo, a pesar de la secularización de las sociedades, aparecieron las asociaciones de laicos católicos. En Cuba la creación de organizaciones laicas católicas recibe, la influencia del movimiento laical en Europa y en especial España.
Entre las primeras en fundarse en la Isla se encuentran: las Conferencias de San Vicente en 1856, la Congregación de la Anunciata en 1875 y la Asociación de Madres Católicas en 1888.
Este primer grupo surge en momentos de convulsión social, donde el enfrentamiento ideológico entre los diversos miembros de la sociedad cubana era casi continuo. Esta realidad también afectó a la Iglesia, pues la población del país en su mayoría era profundamente católica. Por un lado se encontraba la postura de la mayor parte del clero, de origen español y que respondía a su vez a las disposiciones del Patronato Regio y los intereses coloniales. En el otro extremo, el pensamiento independentista de un conjunto de la feligresía y algunos clérigos criollos.1
Tal encontronazo ideológico y el correspondiente saldo que arrojó la lucha independentista, provocó un distanciamiento entre el clero y amplios sectores de la sociedad. Ese alejamiento y las sacudidas de la última etapa de guerra, afectarían también la creación de asociaciones dentro del laicado, situación que mejoró con la llegada del nuevo siglo.
La creación de asociaciones laicas católicas en la Isla mantuvo como tendencia durante la mayor parte del siglo XIX, que su creación y membresía estuviese encabezada por mujeres. Este fenómeno provocó, también por un matiz cultural, que los hombres se relacionaran poco con este tipo de agrupaciones. Esa tendencia se modificó a partir del inicio del siglo XX, cuando, como resultado del flujo migratorio entre Cuba y los Estados Unidos, comenzarían a llegar a la Isla miembros de asociaciones católicas laicas masculinas.
El auge de estas fue favorecido por la fundación en Cuba en 1909 del primer Consejo de la Orden Caballeros de Colón (https://es.wikipedia.org/wiki/Caballeros_de_Col%C3%B3n). Esta Orden llegó al país por los padres agustinos que radicaban en los Estados Unidos. Desde su fundación hasta su salida de Cuba, en los primeros años de la Revolución, integraron sus filas grandes personalidades de la vida política y social del país, entre los que se encuentra José Antonio Echeverría y Bianchi.
En el aspecto local entre los miembros del consejo que se creó en Holguín, se encuentra el mártir Pedro Rogena Camayd.
Los procesos independentistas de ese periodo, influyeron negativamente impidiendo un mayor desarrollo y proliferación de las asociaciones, ya que estos afectaron el entramado social de la Isla y la infraestructura de la Iglesia católica cubana.
Al iniciar el siglo XX, de conjunto con las transformaciones sociales y políticas que se fueron desarrollando en Cuba, el movimiento laical holguinero fue creciendo, no solo en revitalización de las antiguas estructuras, sino también en nuevas asociaciones.
Una de las primeras de laicos católicos masculinas, creadas en Cuba durante las dos primeras décadas del siglo XX, es la Asociación de Caballeros de San Isidoro, creada en Holguín en el año 1922. Sobre la misma son escasas las investigaciones realizadas y contradictorias las informaciones que se han emitido.
El protagonismo social de la Iglesia católica en Holguín reveló rápidamente signos de fortaleza al quedar constituida en 1916 y 1922, la Asociación de Damas del Apostolado de la Oración y la Asociación de Caballeros de San Isidoro. Símbolos del arduo trabajo de párrocos como lo fue el padre Fernández Lestón, cura principal de la entonces iglesia parroquial mayor de Holguín, San Isidoro.Padre Fernandez Lestón
A lo largo de las primeras cuatro décadas del siglo XX, el accionar de la Iglesia católica en la ciudad fue en aumento, ello favoreció a su vez la proliferación y organización del movimiento laical. De igual manera le tocó hacer frente a varios retos como fue el asentamiento y expansión de diferentes denominaciones protestantes.
Entre los fenómenos socio-religiosos reconocidos por las autoridades eclesiales a inicios del siglo XX, fue la insuficiente presencia de hombres en las actividades que desde los templos se organizaban. Dentro de la diócesis esta cuestión fue analizada por el entonces Arzobispo de Santiago Monseñor Félix Ambrosio, quien en una circular de 1924 expresó:
Hasta ahora hemos contado con número considerable de mujeres y niños. En comuniones particulares o generales los hombres brillan por su ausencia y ya nos habíamos acostumbrado, sin que el corazón sangrara al verlos alejados de los Sacramentos. […] Recomendamos a los señores Curas que pidan reglamentos e instrucciones y que traten en donde no existen sociedades católicas de hombres, que la funden aunque sea con un número reducido.2
En esta propia circular reconoció la existencia de los Caballeros de San Isidoro en Holguín. En la comunidad científica holguinera existen diferentes opiniones sobre la verdadera fecha de surgimiento de esta, situándola entre 1924-1925, aunque realmente quedó constituida el 26 de marzo de 1922. Entre sus miembros fundadores se encontraron: Oscar Albanés, Rogelio Aguilera, Juan Camayd, José María Franco y Moyúa, el Vicario de Holguín: José Fernández Lestón y el presbítero José María Fernández Conde, entre otros, hasta alcanzar la cifra de 20 hombres.
Oscar AlbanésSu primer presidente fue Oscar Albanés, quien para 1925 era también miembro del tercer grado del Consejo de Santa María # 2479 de la Asociación de los Caballeros de Colón, que radicaba en Camagüey, así como miembro de honor de la Asociación Católica Caballeros de Don Bosco de Santiago de Cuba.Algunos miembros
Al igual que otras asociaciones laicas, los Caballeros de San Isidoro crearon lo que ellos mismo denominaron un fondo de socorros mutuos, que solo sería usado en caso de gran necesidad entre los asociados. La llamada beneficencia pública era otro de los principios que regía a la organización, la misma estaba contemplada como un deber de todos sus miembros, ejerciéndose siempre que fuera posible.
Entre sus fundamentos principales establecieron que, en materia religiosa, se amparaban en la doctrina de la Iglesia, la cual ejercieron y pusieron en práctica constante. Instituyeron además que tanto los futuros miembros, así como los ya existentes, debían cumplir los deberes morales que establecía la práctica religiosa católica. La composición social era heterogénea, aunque predominaba la clase media alta y la burguesía local.
En el propio año 1925 declararon la intención de fundar una escuela primaria que acogiera a 20 niños y que en horario nocturno educase también a los jóvenes que lo necesitaran. De igual modo establecieron que su divisa era: La acción y su lema espiritual: Confiamos en Dios. La mayor huella dejada los Caballeros de San Isidoro fue la biblioteca pública que, sin ninguna contribución estatal, se mantuvo funcionando en un reducido espacio de la iglesia de San Isidoro en Holguín.Bliblioteca de Caballeros de San isidoro
El rápido crecimiento de esta asociación en la ciudad propició la creación de dos células en los poblados de San Rafael y San Antonio.
Para ese momento los Caballeros… contaban ya con la increíble cifra de más de trescientos hombres.
Paralelo al surgimiento de esta asociación masculina, nacieron en la ciudad otras como la Asociación de Damas del Apostolado de la Oración, la Asociación Nuestra Señora de la Caridad, el consejo local de los Caballeros de Colón, entre otras que aunque no estuvieron dentro de la propia ciudad, influyeron en el desarrollo de las demás.
Durante la etapa analizada, el movimiento laical en Holguín mostraba síntomas de fortaleza y organización. La creación y el desarrollo en ascenso, de varias asociaciones de católicos laicos, tanto masculinas como femeninas, evidencian la activa participación de la comunidad católica de la ciudad y sus poblaciones cercanas.
En la actualidad la mayoría ha desaparecido, sin embargo sobrevivieron algunas de damas, no obstante el laicado, sin distinción de género, sigue teniendo un papel fundamental dentro de la Iglesia.


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