La isla que habito


cuba
Si este texto tuviera banda sonora sería esa canción que dice: Mis amigos se están yendo, me preguntan si me quedo…
No es la constante queja ante la diáspora ni saudade trasnochada, solo observo. Despedirse ya se ha vuelto cotidiano. Ya no escucho hablar de balseros, por suerte, pero los que como yo nacieron en los finales del 80 y comenzaron la escuela cuando se pusieron de moda el jabón de sosa, los apagones, la manteca de coco, la neuritis, la pasta cubana, los “chupamiao” y los “turitaxi”, sabemos cómo es decir adiós.
Entonces no podíamos comprender la realidad circundante, la mayoría vivíamos protegidos por la burbuja paterna que dejaba la carne para el niño y recorría kilómetros en bicicleta para canjear esto por aquello y subsistir.
El tiempo pasó, las circunstancias de algunos cambiaron aunque sé de otros para quienes nunca ha terminado el oscuro período que alguien apellidó especial, quizá por lo especialmente duro y difícil.
Aún chicos asistimos a la despenalización del dólar, el nacimiento de los “chavitos” y el cuentapropismo con sus paladares y trapicheos impensables, las bermudas a cambio de los pantalones largos para los de sexto grado, el yogur de soya, universidad para todos y la municipalización.
Fuimos los de prueba de ingreso de matemática para todos hoy y mañana solo para algunos, por suerte… Pero sobrevivimos y engordamos con alpiste los sueños.
Muchos queríamos ser profesionales porque en la escala de valores de nuestros padres eso era justo y bueno, y era el camino adecuado. Ahora, con los títulos colgando en la pared o enrollados en una gaveta nos encontramos absortos, como extraviados ante una realidad donde lo importante es tener y no ser.
Hoy incluso aquellos que parecían rezagados al aprenderse las tablas en la primaria son habilidosos sacadores de cuenta, los talentosos monitores y los que sacaron 5 y más en la Universidad trabajan en puestos para los que están sobrevaluados pero que ofrecen mayores ventajas. Y quién podría cuestionarlos si los bloques valen 6,50, se necesitan al menos mil para hacer un nido, mínimo, apenas habitable y el salario de un adiestrado es, por lo general, 275 pesos. Haga usted las cuentas.
Entonces los veo marcharse, metafóricamente. La verdad es que sé de su partida generalmente cuando el que todo lo sabe, Facebook, me dice. No critico su decisión, pero me molestan los que al cruzar “las siete rayas” cagan donde antes comieron. Allá ellos. Tampoco me apunto a eso de alimentar resentimientos. Cada cual conoce sus razones.
Pero conste que no lo inventamos nosotros, la migración ha marcado la Historia de la humanidad. Las motivaciones han sido muchas, tantas como variadas son las humanas necesidades.
Cuando veo a mis amigos, los talentosos, los sensibles, los brillantes en la escuela y el trabajo, los de aquí, profundamente cubanos, a los que les duele una realidad en que trabajar por amor parece cosa de locos, cuando escucho sus alternativas, el me voy porque no tengo dónde vivir y es el único modo, me caso y no veo modo de independizarme, quiero tener comodidades y aunque sea de jardinero allá gano más que aquí de máster en ciencias…me empieza una desazón, me corroe un amargo desaliento.
Muchos solo quieren viajar, ver, volver, y vivir aquí simplemente con el fruto de su esfuerzo, pero nadie ha dicho que salir sea una garantía de prosperidad, quizás el ansia de salir sea cosa de gente de isla…pero hay que poner atención a este fenómeno
¿Qué va a pasar con mi generación? ¿Por qué ven en la emigración el único camino posible? ¿Por qué resulta tan agobiante a mis coetáneos la maldita circunstancia del agua por todas partes?
Quiero una Cuba próspera donde vivir con todas las garantías que tenemos pese más que cualquier carencia y cada cual reciba lo que se merece según su esfuerzo, espero no tener que despedir a muchos más mientras eso sucede.

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One response to “La isla que habito

  • Ricardo Fernandez

    Muy bueno excelente para ser precisos, pero a la vez triste por lo cerca que me toca, dejar atrás nuestro barrio, nuestros amigos en incluso familiares que tardaremos en volver a ver , en fin la isla es duro, quizás para muchos un acto de locura, para otros incomprensibles por el hecho de pensar y decir a viva voz “que más quiere, que mas pide” realmente queremos, pedimos todo a lo que podamos soñar, a poder definir nuestros destinos libremente en todos los sentidos, a luchar por alcanzar un sueño que alcanzamos en nuestra tierra, y es lograr “volver a ser” pero esta vez con el justo reconocimiento material que conlleva, porque el moral siempre lo tuvimos y defendimos en algún momento porque así lo hice, porque fue lo que me enseñaron “que el ser” tener un título universitario era un gran logro aunque no fuera bien pagado, y así fue durante años, pero es que poco a poco va siendo agredido de las peores formas, al ver que exactamente que no puedes hacer tu propio nido, que no puedes conocer sin la ayuda foránea un All Inclusive Resort, porque acompañado a sus estrellas, esta un valor que un “magro bolsillo profesional” parafraseándote no se puede dar el lujo no, no lo puede ni soñar, entonces eso de conjunto a una apertura de la economía que no te beneficia directamente ya que con ella viene una macabra ley de oferta y demanda donde todo sube menos tu poder adquisitivo, te va decepcionando, miras a tu padres y abuelos, y pensar que puedes llegar a esas edades igual que como estas en estos momentos, y dices no yo no, es cuando esos mismos padres para tu asombro, profesionales con más de un posgrado que una vez te inculcaron el valor de estudiar, te dicen “aquí no tienes futuro yo estoy oyendo lo mismo desde mucho antes de tener tu edad”, que queda después de eso, que no sea la de buscar nuevos horizontes y luchar esforzarse por volver a ser pero esta vez tener también, y conocer el mundo. Pero a pesar de todo esto sentirse como cubano en todo momento y ante aquello que algunos por la ascendencia europea, nos puedan decir tu no pareces cubano decir si soy cubano de la Isla con mucho orgullo, incluso después de cruzar determinada frontera de un país hermano, cuando autoridades te preguntan responder alto y claro SOY CUBANO a sabiendas que inmediatamente vienen momentos de tensión y estrés, que ni un fisiólogo podría describir, pero es así, mantener la cubana, la añoranza y los deseos de volver de vivir en la isla, pero ya sin que solo te rodee solo agua, sin sentirte como extranjero en tu patria, porque erradamente a los cubanos en muchos lugares en Cuba los tratan como extranjeros y cuando digo esto me refiero a la forma autentica, no al trato de semidiós cual del Olimpo fueran que es como tratan en cuba a los no nacidos en la isla, un ejemplo de ello fue en este verano en All Inclusive Resort al cual pude ir por invitación no nos dejaron asistir a una excursión por nuestras costas porque como nos dijo la señora gerente y cito “los nacidos en Cuba no podemos montar en barco con motor, así tengan el pasaporte que tengan” que humillante que degradante, eso unido a que por la propia turbulencia que se vive en el país, donde nosotros mismos nos sacamos los ojos unos a los otros, en cualquier lugar y la “lucha” se haya convertido en una verdadera contienda bélica, de donde siempre salimos victimas, con sensación de estafa, de impotencia y hasta soportando que te digan si no te gusta no vengas o no lo compres. Todo esto unido a mas, hace que digas Adiós, que tomes el camino incierto pero hacia adelante, que dejes la zona de confort, y salgas a la zona de exploración que no sabemos que nos depara, pero no por ello necesariamente negativa solo no explorada. Espero que algún día esto cambie.

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