Archivo mensual: junio 2014

Dame un kiss, yo te lo pido plis…..


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El sentimiento del que se afirma es la fuerza motriz del mundo, ha mutado en sus formas de expresión, se ha transfigurado y vulgarizado, digámoslo así, en los últimos tiempos. Me atrevería a afirmar que no es más que una respuesta a la forma en que se mueve el contexto, y es comprensible. Recordemos la revolución sexual que se vivió en los 60 del pasado siglo. ¿Candente, verdad? Pero en la segunda década de la actual centuria y en este sitio del Caribe, una escena como esta puede ser muy frecuente.
Se aproxima el 14 de Febrero y flores artificiales atrapadas en cárceles de vidrio, ositos de peluche de un acabado cuestionable, postalitas de I love you y ojitos tiernos en rostros de cartoons, son los candidatos para ser pruebas de amor.
En tanto Yo solo quiero verte el blúmer, es la “música” de fondo que ameniza la charla de los jovencitos, mientras teorizan con sólidos argumentos para dilucidar si fulanita está más buena que menganita. Y ahí usted se pregunta:
¿A dónde fue a parar el amor platónico? Si ha visto Hola soy Germán, dirá que es amor en un plato para Nico, pero no, me refiero a los idílicos e imposibles romances de la pubertad que inspiraban versitos y cursilerías, o actos de supremo arrojo como trepar a cuarta planta y colarse por el alero al albergue de las hembras, a riesgo de ser atrapado por el profesor de guardia o de caer hecho omelet en medio de la plaza, ( todo ello me parece descabellado, pero no dudarán que era un tanto heroico), o el arrojo o baja percepción del riesgo, de presentarse a “pedir” a la novia en casa de los padres.
Sin ánimo de generalizar diré que las cosas ahora se mueven a otra velocidad y por distintos motivos, y en mi defensa debo alegar que solo hace 6 años salí de lo que los científicos llaman, adolescencia. Por eso no entiendo estas nuevas dinámicas de pareja si es que se les puede llamar así. No obstante estoy lejos de compartir el estribillo de que nadie quiere a nadie, se acabó el querer. Pero la verdad es que la forma en que muchos expresan su afecto por estos días es bien llamativa. Por ejemplo:
En la penumbra de un parque de la ciudad, a horcajadas, sobre un banco, una parejita conversa, se acarician…la luna pone la media luz, los rostros jóvenes hacen pensar en primavera y ensueño cuando ella, rompiendo el silencio entre decidida y rebelde le suelta una frase como para morir, definitiva, imponente:
-Dame un beso ahí, asere….
Y todo se vuelve de piedra, ¿cierto?
No esperaba algo como Romeo, solo tu nombre es mi enemigo, ni puedo escribir los versos más tristes esta noche, o bello mancebo, deme un ósculo, pero a dónde fue a parar la ternura.
Tal vez huyó cuando nació el reguetón.

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¡Qué maravilla es este papá!


Siempre se describe a las madres como heroínas del día a día, pero qué hay del padre. Dicen que es “cualquiera”. No lo creo. Conozco a unos cuantos que contradicen esta afirmación popular.
Ese que mientras la mamá estudiaba, preparaba en la licuadora una nutriente fórmula de “todoloquemencuentre” que resultó mágica. El que cambiaba las tramas a los cuentos de los Green para hacer las delicias de sus hijos y nieta.
Qué dicen del que cuida a su hijo ingobernable, quien le dice Mami, mientras la verdadera cura a los bebés de otros al sur del continente. También cuentan los que cargan, casi sin poder, a los hijos que se han quedado dormidos frente al televisor y los llevan al cuarto, aunque las piernas del “pequeño” se arrastren por el suelo; o ese que se levanta a media madrugada a tapar a una criatura que luego volverá a destaparse inevitablemente.
He sido testigo o víctima de ese peluquero improvisado que hace los moños más disparejos y no sabe nada de moda, o sea que al llegar a su destino con la cría a cuestas, cualquier mujer dirá: “A esa niña la vistió su papá”.
Considero especial al que se disfrazó de médico para permanecer en la sala junto a su nena recién nacida, cambió sus primeros pañales y le sacó los gases con palmaditas temerosas ante la mirada evaluativa de unas tíabuelas con cara de reproche.
Sé que muchos conocerán como yo a esos papás “postizos”, que no comparten ADN con aquellos a quienes han criado con tanto amor, como si les uniera la genética. Por eso no entiendo el dichoso refrán. Cualquiera no puede realizar la difícil tarea de la paternidad, que va más allá de ser el proveedor o el policía malo, el que juega a la pelota o habla de sexo con los varones “cuando llega el momento”. El de padre es un cargo vitalicio, a ejecutar las 24 horas del día y solo es remunerado por esos instantes fugaces en que se percatan de que les ha salido bien.


Barriendo siempre bien


escobas-barren
¿La ciudad?, sí, muy linda y limpiaaaa como no hay dos. ¿La gente? simpática, desde el siglo pasado tienen un premio por eso. ¿Salir a comer? Sí, hay donde, restaurantes, cafeterías, heladerías…Aprovecha y ven ahora que las acaban de reparar…
Los últimos meses, pintores, albañiles, artesanos, decoradores, carpinteros, han trabajado intensamente. Como resultado la ciudad rejuvenece. Los beneficios de las reparaciones a numerosos sitios de servicios a la población destacan como algo anhelado y por fin cumplido para el pueblo holguinero, quien siente orgullo de ofrecerlo, también, al visitante.
Pero siempre está la desconfianza, la que hace dudar de un perdurable confort y calidad a prueba de balas. Surgen entonces los comentarios, que si escobita nueva barre bien, que si vayan ahora porque en un mes de la carta solo quedarán dos opciones, que si una vieja con coloretes. No Nadie podría culparlos, hemos visto de continuo remozar instalaciones que al año casi clamarían a Eusebio que las restaurara como a un decrépito edificio de La Habana Vieja. El descuido, la falta de sentido de pertenencia, la explotación continua sin mantenimiento, el voraz maltrato de algunos clientes, todos estos factores en franca conspiración harían derrumbarse a las épicas pirámides egipcias, qué decir de una humilde cafetería de la gastronomía popular.
Las autoridades holguineras han puesto en función de la belleza y el disfrute recursos que igualmente podrían destinarse a otros fines, pero se ha pensado en el bienestar común, en la tan aclamada necesidad de diversificar las ofertas recreativas.
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No obstante tras la pintura fresca, las nuevas sillas, los pulquérrimos manteles y el novedoso decorado, aparece el fantasma de la ineficacia y un aquelarre compuesto por la falta de compromiso, la ausencia de gestión para mejorar los servicios y el maltrato al cliente.
Así encontramos usuarios insatisfechos que a solo uno o dos meses de reinaugurado un local emiten juicios desfavorables acerca de sitios como El Níquel donde parece que el queso cambió de estado sólido a líquido como por arte de magia, o el restaurante italiano Roma, donde no se explica la ausencia de uno de los platos porque un ingrediente tan común como el huevo simplemente se terminó cuando se suponía que los suministradores deberían garantizar un abasto constante para evitar justamente esta clase de situaciones.
Se suma la heladería Komodidad, donde vuelven los escasos sabores, el piso sucio y el trato “frío” de quienes allí atienden. La misma temperatura con que reciben a sus clientes en la cremería del 18 plantas, donde aún con mesas vacías cuesta ser atendido pues al teléfono o entre las dependientas siempre hay temas más interesantes que hablar que la “aburrida” charla de buenas, qué desean.
Y no es que el mal trabajo sea la norma, también vemos creativas preparaciones en los menús, la inclusión de variantes que facilitan el acceso del consumidor, precios variados que ponen los productos a disposición de quienes tienen menos ingresos. Pero ya se ha dicho y escrito, de nada vale cambiar mobiliario y levantar nuevas paredes si no se modifica la actitud.
Mucho se ha debatido sobre el necesario cambio de mentalidad pero este ha demorado, al parecer no es tan sencillo.


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