La magia, la cafeína y la decepción


Quizá porque tejí fantasías en su falsa penumbra; tal vez por la euforia tras un express doble, (tanta cafeína no puede sino exaltar un alma joven); o por las infinitas elucubraciones que sola y apoyada en el vidrio construí mientas derretía una tableta de chocolate en mi pequeña taza; probablemente porque mi hija lleva el nombre de la película que inspiró este café del que tantos dicen ser dueños o por los poemas que allí mismo escribí tras el humeante elixir; no sé si por ser este refugio para el amor siempre sosegado que gusta de hablar largamente, una de las razones que me impedían percibir, con mi habitual criticismo, a veces exacerbado, cuánto ha perdido esta cafetería que desde su surgimiento ha sido refugio y lugar favorito de no pocos holguineros.
A menudo bromeé con que las gotas que caían del aire acondicionado, que ahora han cambiado, eran para el crecimiento espiritual, muchas veces despotriqué sobre lo cheo de las tapas que habían puesto a las azucares como sustitutas de las que fueron rompiéndose poco a poco, otras tantas me quejé por la demora del servicio o el estado del baño, pero nunca me percaté de la decadencia en toda su magnitud hasta el momento en que alguien muy querido y que no vive en la ciudad me dijo mientras degustábamos un café allí: ¿qué le hayas a este lugar? No pude en ese instante dar argumento alguno, no parecía existir.
Hoy Eslinda, Adela y Raquel siguen mirando al mismo sitio y los bustos de geniales cineastas continúan inmóviles, casi como algunos de los trabajadores del establecimiento, a los que a veces cuesta encontrar hasta para pedirles la cuenta.
La verdad, amo el café, su sabor fortísimo es impulso inmediato de mis musas, incluso para escribir de lo que no me place. Pero lo cierto es que el lugar que antes fuera remanso, ahora se ha vuelto bullicioso, opaco, descuidado y caluroso pese al cartel que reza en su puerta: aire acondicionado.
Desconozco las causas. La impávida quietud de sus camareros me resulta incompresible, la falta de iniciativas para brindar un mejor servicio que distinga lo que fuera Las tres Lucías hace unos pocos años, la considero el colmo de la desidia, porque un establecimiento al que van tantas personas a consumir, debe al menos cumplir sus planes de ingresos.
Si recordamos que hace poco tiempo fue reparado, resulta muy difícil imaginar las razones para tanto deterioro. En fin que no logro discernir dónde se traba el paraguas ni por qué sigo yendo a este sitio donde ya el café no es tan bueno, ni la oferta tan diversa, ni el trato cautivador y ya ni siquiera el espejo me aguarda con un nuevo poema. Díganme ustedes cuáles son sus motivos a ver si encuentro en ellos los míos.419662_181151095328440_1759917942_n

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One response to “La magia, la cafeína y la decepción

  • Le mangó ( a ver si me reconoces)

    qué tristeza al leerte, unos de mis sitios preferidos en la ciudad, al que siempre deseo volver y el último lugar donde estuve antes de partir… no dejes de ir por lo que representa, por los sueños, por la poesía… a veces, el café, es solo una excusa.

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