Archivo mensual: septiembre 2013

La magia, la cafeína y la decepción


Quizá porque tejí fantasías en su falsa penumbra; tal vez por la euforia tras un express doble, (tanta cafeína no puede sino exaltar un alma joven); o por las infinitas elucubraciones que sola y apoyada en el vidrio construí mientas derretía una tableta de chocolate en mi pequeña taza; probablemente porque mi hija lleva el nombre de la película que inspiró este café del que tantos dicen ser dueños o por los poemas que allí mismo escribí tras el humeante elixir; no sé si por ser este refugio para el amor siempre sosegado que gusta de hablar largamente, una de las razones que me impedían percibir, con mi habitual criticismo, a veces exacerbado, cuánto ha perdido esta cafetería que desde su surgimiento ha sido refugio y lugar favorito de no pocos holguineros.
A menudo bromeé con que las gotas que caían del aire acondicionado, que ahora han cambiado, eran para el crecimiento espiritual, muchas veces despotriqué sobre lo cheo de las tapas que habían puesto a las azucares como sustitutas de las que fueron rompiéndose poco a poco, otras tantas me quejé por la demora del servicio o el estado del baño, pero nunca me percaté de la decadencia en toda su magnitud hasta el momento en que alguien muy querido y que no vive en la ciudad me dijo mientras degustábamos un café allí: ¿qué le hayas a este lugar? No pude en ese instante dar argumento alguno, no parecía existir.
Hoy Eslinda, Adela y Raquel siguen mirando al mismo sitio y los bustos de geniales cineastas continúan inmóviles, casi como algunos de los trabajadores del establecimiento, a los que a veces cuesta encontrar hasta para pedirles la cuenta.
La verdad, amo el café, su sabor fortísimo es impulso inmediato de mis musas, incluso para escribir de lo que no me place. Pero lo cierto es que el lugar que antes fuera remanso, ahora se ha vuelto bullicioso, opaco, descuidado y caluroso pese al cartel que reza en su puerta: aire acondicionado.
Desconozco las causas. La impávida quietud de sus camareros me resulta incompresible, la falta de iniciativas para brindar un mejor servicio que distinga lo que fuera Las tres Lucías hace unos pocos años, la considero el colmo de la desidia, porque un establecimiento al que van tantas personas a consumir, debe al menos cumplir sus planes de ingresos.
Si recordamos que hace poco tiempo fue reparado, resulta muy difícil imaginar las razones para tanto deterioro. En fin que no logro discernir dónde se traba el paraguas ni por qué sigo yendo a este sitio donde ya el café no es tan bueno, ni la oferta tan diversa, ni el trato cautivador y ya ni siquiera el espejo me aguarda con un nuevo poema. Díganme ustedes cuáles son sus motivos a ver si encuentro en ellos los míos.419662_181151095328440_1759917942_n


La ciudad y las trampas del tiempo


Llevaba unos años caminado sus calles pero no fue hasta las clases de Historia del Arte que comencé a verla con otros ojos, los de descubrimientos. Pretiles, cariatides, columnas, techos de portablas que resisten ciclones, corredores solidarios que cobijan en la lluvia, fachadas antiquísimas que se resisten a seder ante el tiempo, plazas añejas donde corrieron nuestros abuelos y desandan nuestros hijos. Iglesias que vieron procesiones sentidas. Lugares donde calló un héroe o se ajustició a un esbirro. En fin, la ciudad y las trampas del tiempo donde se guardan trozos de su historia y la nuestra.
Por eso es dolorosa la imagen de aquel ángel manchado con un grafitti infame o del banco del que solo queda la idea de lo que fue, o las letras robadas al memorial de una madre ilustre por el precio del metal con que se hizo, sin importar lo que el conjunto significa más allá de su valor monetario. Es un panorama triste en verdad si se piensa que hipotecamos nuestra memoria para dejar sin heredad a nuestros sucesores.
Quiero pensar que es ignorancia. Que la mano que aprieta el spray de pintura sobre el cuerpo de mármol de Carrara de aquella escultura hecha en Italia a principios del pasado siglo, por la casa especializada Ugo Luisi y Compañía, pertenece a una persona sin suerte. Alguien que no ha conocido la anécdota de su origen. Esa persona ajena, además de la Historia, al presente que corre en donde el Angelote es símbolo de la ciudad, pues su réplica constituye la más alta distinción de la cultura holguinera.
Hace unos días una entrevistada llegada de la capital me contó un hecho del que fue testigo: un señor requirió cortesmente a otro que permitía a su hijo trepar por la estatua de un insigne holguinero. Mi interlocutora vio esta escena y quedó obnuvilada. Me ha sucedido lo mismo pero ante casos opuestos: total indolencia frente a lo mal hecho, ante el descuido y la desidia.
No puede ser. Alguna fuerza del orden debe tomar las riendas. Las consecuencias ante el irrespeto y los actos bandálicos deben ser tangibles, como para evitar que estos ocurran. Pero todo ello debe nacer de la conciencia y esta solo es hija de la razón y el conocimiento de los orígenes, esos que generan el sentido de pertenecia.
Quisiera que mi hija puede romancear en el parque donde se amaron mis padres mientras sonaba un reloj ancestral. Que los poetas continuaran leyendo novísimos versos custodiados por el alado ser que en 1916 se erigió en honor a la memoria de los mambises fusilados en las contiendas de 1869 a 1898, en el parque Carlos Manuel de Céspedes, también conocido como San José.
Espero que en el futuro también contemplen el Holguín que fue, y conste : no niego el desarrollo, pero es preciso saber de dónde venimos para entender quiénes somos.
La necesidad del cuidado estatal de estos valuartes es una verdad más grande que una montaña, pero no podemos pretender que se realicen constantes gastos porque no seamos capaces de cuidar lo que tenemos.
También es justo reflexionar sobre la carencia de información o disponibilidad que acerca de esta temática existe, a pesar de los libros publicados, las puertas abiertas de par en par en los museos, los máster en Historia y las celebraciones en las efemérides.
Del concimiento ha de venir el amor y el respeto. Urgen mecanismos y estrategias para hacer más potable y accesible la información, que no quede en empolvados archivos o publicaciones que casi nadie lee. Habrá que ser más creativos como se ha pedido tantas veces para acercar a este propósito y sensibilizar el pensamiento de los que destruyen la obra bella que ha costado sacrificio de muchos en el pasado y cuesta en el presente.La localidad y su Historia no pueden ser teque o somnífero del que alguien quiere salir cuando toque el timbre, sino sentimiento que obligue a preservar sus símbolos. La enseñanza o socialización de este tema debe hacerse a través de algo que nos enamore de la ciudad que tenemos para verla con ojos nuevos cada día y reconocer lo que de ella hechiza. La belleza por sí misma debería ser suficiente para movilizar el respeto por nuestro patrimonio.


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