Derechos al derecho


Llevaba la boleta en las manos. Al frente las escaleras que conducían al lugar donde durante los próximos 24 meses demostraría lo que había aprendido o no en la Universidad. Tenía 23 años y con cada escalón que ascendía me aproximaba al comienzo de mi vida laboral.

Nada sabía o al menos muy poco, de las obligaciones, derechos y cuestiones legales que al cambiar del estatus de estudiante a trabajadora, debía asumir.

Ignoraba, por ejemplo, que por cada mes trabajado, acumulas 2.18 días de vacaciones, conocimiento que me hizo feliz, casi tanto como mi primer salario.

Con los tropiezos y el tiempo conocí de asambleas sindicales, evaluaciones, méritos, cotización, guardias y cambios de labor. Me imbuí en los avatares de madre que lucha como gladiadora con los tropiezos burocráticos y los escalafones por el círculo infantil, aún esperado, en un proceso que todavía me resulta incompresible, porque si bien este es un derecho de las mujeres y algunos padres trabajadores, se vuelve una larga y agotadora carrera en la que solo unas pocas llegan a la meta. La explicación más frecuente: disponibilidad limitada de capacidades en estos centros.

Fue entonces cuando mi jefa inmediata superior dijo: tienes que escribir un comentario sobre los derechos de los trabajadores…. ante tal reclamo administrativo que implicaba el cumplimiento de mi plan de trabajo mensual y comprometía mi estimulación, debí sumergirme en la intrincada madeja de legislaciones que refieren a los derechos y deberes de los trabajadores.

Mis indagaciones me llevaron a conocer que en Cuba, además del merecido derecho al descanso que se otorga semanalmente y a través de las ya referidas vacaciones, el Estado debe fomentar el desarrollo de instalaciones y planes vacacionales. Aunque no es menos cierto que, como las plazas de los círculos infantiles, con mucha frecuencia, las capacidades para los anhelados planes son pocas y en ocasiones los locales a ellos destinado merecen una atención mayor, a fin de propiciar una estancia más agradable.

También es obligación del Estado garantizar la protección adecuada a todo trabajador impedido por su edad, invalidez o enfermedad y en caso de muerte del mismo debe proporcionarse similar protección a su familia. De aquí se desprende que se prestará asistencia social a los ancianos sin recursos ni amparo y a cualquier persona no apta para trabajar que carezca de familiares en condiciones de prestarle ayuda.

En el marco más concreto del centro de trabajo cada individuo cuenta con el derecho a estar protegido, seguro y con la higiene adecuada y para ello deben tomarse medidas apropiadas para la prevención de accidentes y enfermedades profesionales. Aunque no es menos cierto que las negligencias, el no empleo de los medios de protección, la falta de áreas contra incendios y conductas que reflejan irresponsabilidad y baja percepción del riesgo, generan a diario accidentes lamentables.

Aun así está previsto legalmente que todo individuo que sufra un accidente en el trabajo o contraiga una enfermedad profesional tiene derecho a la atención médica y a subsidio o jubilación en los casos de incapacidad temporal o permanente para el trabajo.

Estos son algunos de los derechos que adquirí al comienzo de mi vida laboral, pero en este tiempo el país ha ido cambiando y han tenido que pensarse nuevas estrategias ante los tiempos nuevos, como es garantizar la seguridad social y protección a los trabajadores del sector no estatal. Tema que aún merece ser revisado para permitir igualdad de condiciones en lo que a derecho respecta, a estos cubanos que también aportan a la sociedad con su desempeño diario.

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