Un hombre se siembra en el futuro


Más de una cuadra antes del Museo Provincial La Periquera, la multitud aguarda. Pasa del mediodía.Una extensa fila de personas rodea el parque Calixto García y la afluencia a este sitio de homenaje al líder venezolano no mengua.
Hombres y mujeres se enjugan las lágrimas sin el pudor absurdo de llorar en público, se despiden como de un familiar allegado y muy querido. Unos se cuadran en saludo militar, incluso muchos de los que van de civil y algún que otro pequeño pegado a las faldas de la madre que también se despide, imita el gesto de la mano cruzando la frente.
Decenas de asistentes se han vestido de rojo, como quien apuesta por la resurreción de las ideas más allá del cuerpo humano, otros optan por el luctuoso matiz de un traje negro, hay quienes no atienden a escalas cromáticas, puesto que el alma no puede vestirse aunque el dolor la embargue. Algunos lanzan al aire un beso, una mirada pesarosa, un adiós de manos que se agitan.
A pesar de la obvia distancia geográfica, de que muy pocos habrán tenido la suerte de estar al menos cerca del hombre que partió, en Holguín hace un día de luminosidad enorme a pesar del duelo.
Entre la fila que avanza cerca del retrato de Chávez, una mujer sostiene un corazón de cartulina con los colores de la enseña venezolana. Lo levanta frente a su pecho.Su nombre es Yisel y asegura: “Chávez es para los cubanos como Fidel o Raúl y por supuesto, es una pérdida tremenda para todo el pueblo.”
Kevin tiene seis años.Quizás no conoce a cabalidad el significado de la muerte, cómo es de irreversible e impía pero “estoy aquí por Chávez, dice, “él era el presidente de Venezuela. Para ser como Chávez un niño debe ser bueno, estudioso y amar a la Patria.”
Francis se enjuga las lágrimas. El amor la trajo a Cuba desde su natal Carabobo, en Venezuela. “Estoy muy conmovida”, y sus lágrimas lo confirman. No dice más, no puede. En tanto pide a uno de los guardias que custodian este homenaje le ayude a enviar a destinatario seguro los dibujos que sus hijos Alejandro y Dayana, también venezolanos, han hecho a su presidente.
Porque siempre la fe fue más fuerte y pocos creyeron que escucharían la noticia: Chávez ha muerto, al menos no tan pronto, la sorpresa aun mantine anonadados a muchos.
A La Periquera las personas siguen llegando con su dolor y sus flores. Mientras Chávez se siembra en el futuro, su legado ha comenzado a germinar para la eternidad.

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