Receta para una idiosincracia


Lo variopinto del cubano y su cultura es tema frecuente si de composición de la nacionalidad se habla. Pero, los componentes de la mezcla varían en función de la zona del país, pues las condiciones económicas, políticas y sociales de las distintas épocas determinaron el flujo de inmigrantes de diversas nacionalidades que vendrían, posteriormente, a constituir elementos definitorios en las peculiaridades o imagen concreta de una localidad y sus habitantes.
Es harto conocida la influencia de España por los siglos de colonización y de África, como consecuencia de la trata negrera. Ambos constituyen importantes cimientos de la nacionalidad y configuración del cubano actual.
En el caso específico de la provincia de Holguín, es posible hablar además, de la influencia y confluencia de migrantes de diferentes hemisferios que incidirían en la formación de lo que somos hoy.
Lo ilustran de manera precisa el asentamiento de componentes foráneos como es el caso de los árabes. La aparición de visos de esta cultura llega desde la colonia española, pues como es conocido por muchos, España fue dominada durante ocho siglos por árabes. Aunque su impacto más directo a nuestra Isla comenzaría en la segunda mitad del siglo XIX. Llegaban desde Siria, el Líbano, Palestina, impulsados por motivos de índole económica, religiosos y políticos.
Una vez en Cuba se dedicaban al comercio, la joyería, relojería etc. Hasta hoy trascienden sus huellas en edificaciones de la ciudad, los apellidos de algunos y las recetas de abuelas que las convierten en rarezas culinarias del Oriente en una mesa del Caribe.
También marca a nuestro territorio la presencia haitiana. Este proceso migratorio que abarcó otras regiones de la Isla se ha dividido por los estudiosos en dos momentos. El primero comenzó en 1791 tras el levantamiento independentista que aconteció en este país. Quizá la cercanía a la Mayor de las Antillas la convirtió en destino de miles de colonos franceses que traían consigo algunos esclavos.
En el caso específico de la actual provincia de Holguín, estos colonos fundaron haciendas cafetaleras en las montañas de Sagua de Tánamo y Mayarí.
El segundo momento, ocurre ya en la neocolonia, período en que se contrataban braceros haitianos para la zafra azucarera. Al culminar esta, ellos debían regresar a su país, pero no todos lo hacían, en tanto duraba el tiempo muerto se dirigían a las haciendas cafetaleras.
El legado cultural haitiano para Cuba, y específicamente para nuestra región, lo constituye la Tumba Francesa, celebración característica de los negros y mulatos franco-haitianos. Esta fiesta viene desde el siglo XIX y permanece aún en zonas de Sagua de Tánamo.
También los franceses arribaron a Cuba, muchos por motivos económicos, a partir del siglo XIX, una vez radicados en la isla se dedicaban a diferentes oficios vinculados a la talabartería, agricultura, carpintería, herrería, etc.
A la mixtura que nos constituyó se suma la presencia china cuya llegada se fecha a mediados del siglo XIX. Estos inmigrantes se sumaron a las luchas independentistas que por entonces comenzaban con gran auge en la región oriental.
Los chinos, a fin de mantener vivas sus costumbres, se agruparon en las denominadas colonias chinas, diseminadas en los distintos puntos donde se asentaron.
En el caso de Holguín, los hijos del gigante asiático se dedicaban fundamentalmente al comercio y la agricultura. Su presencia impactó en los hábitos alimentarios poniendo las verduras como centro en la mesa y junto a ellas el pescado y el arroz.
De sus costumbres, permaneció la celebración del Año Nuevo Lunar o las Fiestas de Primavera. La forma en que sus herederos hacen sobrevivir a su cultura y la de sus antepasados es agruparse en la Asociación de Descendientes Chinos como continuidad de la colonia.
El período neocolonial y la dominación norteamericana también influyeron en el proceso de formación de la nación, por su impacto en la arquitectura y a la extensión del protestantismo en el país.
Lo demás ha sido tiempo y circunstancias, nos hemos ido sedimentando, singularizándonos entre el panorama cultural americano y del mundo. LO anterior es solo un esbozo de los ingredientes del ajiaco, su cocción determina el sabor de lo que somos, nos define.

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