Archivo mensual: marzo 2012

Abrir la llave


Era como el desierto. Un espejismo anunciaba que ya vendría. Pero el agua no llegaba. Cada mañana los vecinos se preguntaban unos a otros: “¿ya entró?” Pero los depósitos continuaban menguados o vacíos en la mayoría de los casos.
El polvo, hijo de la sequía, se acomodaba en los portales, adueñándose de muebles, tiestos, paredes y cuanto estuviera a su alcance. De continuo se escuchaba: “Una casa sin agua no es nada.” “Hoy no nos hemos lavado ni la boca.” “Cuando venga el cobrador no le voy a pagar. ¿Cómo van a querer cobrar por un servicio que no han prestado?” “Hace 21 días que no entra el agua.”
Entonces a los vecinos de la calle Juan Moreno, en el reparto Sanfield, les hubiera gustado una explicación. La respuesta de alguien ante aquella situación tan penosa, más allá del “ya vamos a abrir la llave”. Mientras esperaban que se cumpliera esta promesa, porciones importantes del salario (casi siempre exiguo), pagaban pipas para suplir la molesta carencia.
Buscando una respuesta al que no es problema exclusivo de esta parte de la ciudad, ¡ahora! conversó con Jesús Guerra, subdelegado de inversiones de Recursos Hidráulicos en Holguín.
Guerra explica que “las causas de los ciclos elevados y del descontento de la población se hallan en algunos casos, en el agotamiento de fuentes, la sequía, el deterioro de las redes y las conductoras, a causa de los años de explotación. Además cuando, a consecuencia de estos factores se produce una avería, se rompen los ciclos duplicándose en ocasiones.” A esto hay que añadir las indisciplinas sociales: algunos individuos permiten que se vote el agua. Ello provoca que otros usuarios no puedan beneficiarse del servicio.” Es claro que aquellos que viven en zonas altas dependen de la conciencia y sentido común de los que viven en zonas bajas y que por ende reciben primero el líquido vital.
La situación es realmente compleja. Actualmente el 60 por ciento del agua bombeada se pierde, o sea no llega a los consumidores. Aun así es frecuente que cuando se tiene no seamos conscientes de la necesidad de ahorrar, confiados en la cisterna enorme que construimos o en el abasto regular al que nos hayamos habituado. Pero cuando falta pensamos en que no debimos dejar aquella llave abierta, prometemos no demorar tres horas bajo la ducha, juramos no volver a dejar aquel tanque botándose, y casi siempre olvidamos las promesas hechas a nuestro juicio, una vez que se han vuelto a llenar los depósitos con que contamos en casa.
Según informa Jesús Guerra “la provincia se encuentra enfrascada en la rehabilitación de las redes de Holguín, inversión que dispone de un monto aproximado de 39 millones de pesos. Con esta inversión se deben beneficiar 277 mil habitantes y posee un alcance aproximado de 335 kilómetros de redes a rehabilitar. “
Guerra comenta que “se construirán además tres tanques con grandes capacidades de mil 800, siete mil y 12 mil metros cúbicos respectivamente, ubicados en diferentes puntos del municipio. De estos se pretende terminar el de mil 800 en el primer semestre del año en curso. Se deben rehabilitar también las tres potabilizadoras que posee la ciudad. Todo esto permitirá reducir las pérdidas de agua a un 10 por ciento.”
Aun cuando estas inversiones se concreten no será suficiente si no se adoptan medidas de ahorro, pues el agua es un recurso valiosísimo que no estará siempre a nuestro alcance si no la preservamos. Es preciso hacer girar la llave de la empatía, esa capacidad exclusivamente humana de ponerse en el lugar del otro, y recordar que otras personas tienen todo el derecho de disfrutar de ese servicio fundamental que es el abasto de agua.

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Receta para una idiosincracia


Lo variopinto del cubano y su cultura es tema frecuente si de composición de la nacionalidad se habla. Pero, los componentes de la mezcla varían en función de la zona del país, pues las condiciones económicas, políticas y sociales de las distintas épocas determinaron el flujo de inmigrantes de diversas nacionalidades que vendrían, posteriormente, a constituir elementos definitorios en las peculiaridades o imagen concreta de una localidad y sus habitantes.
Es harto conocida la influencia de España por los siglos de colonización y de África, como consecuencia de la trata negrera. Ambos constituyen importantes cimientos de la nacionalidad y configuración del cubano actual.
En el caso específico de la provincia de Holguín, es posible hablar además, de la influencia y confluencia de migrantes de diferentes hemisferios que incidirían en la formación de lo que somos hoy.
Lo ilustran de manera precisa el asentamiento de componentes foráneos como es el caso de los árabes. La aparición de visos de esta cultura llega desde la colonia española, pues como es conocido por muchos, España fue dominada durante ocho siglos por árabes. Aunque su impacto más directo a nuestra Isla comenzaría en la segunda mitad del siglo XIX. Llegaban desde Siria, el Líbano, Palestina, impulsados por motivos de índole económica, religiosos y políticos.
Una vez en Cuba se dedicaban al comercio, la joyería, relojería etc. Hasta hoy trascienden sus huellas en edificaciones de la ciudad, los apellidos de algunos y las recetas de abuelas que las convierten en rarezas culinarias del Oriente en una mesa del Caribe.
También marca a nuestro territorio la presencia haitiana. Este proceso migratorio que abarcó otras regiones de la Isla se ha dividido por los estudiosos en dos momentos. El primero comenzó en 1791 tras el levantamiento independentista que aconteció en este país. Quizá la cercanía a la Mayor de las Antillas la convirtió en destino de miles de colonos franceses que traían consigo algunos esclavos.
En el caso específico de la actual provincia de Holguín, estos colonos fundaron haciendas cafetaleras en las montañas de Sagua de Tánamo y Mayarí.
El segundo momento, ocurre ya en la neocolonia, período en que se contrataban braceros haitianos para la zafra azucarera. Al culminar esta, ellos debían regresar a su país, pero no todos lo hacían, en tanto duraba el tiempo muerto se dirigían a las haciendas cafetaleras.
El legado cultural haitiano para Cuba, y específicamente para nuestra región, lo constituye la Tumba Francesa, celebración característica de los negros y mulatos franco-haitianos. Esta fiesta viene desde el siglo XIX y permanece aún en zonas de Sagua de Tánamo.
También los franceses arribaron a Cuba, muchos por motivos económicos, a partir del siglo XIX, una vez radicados en la isla se dedicaban a diferentes oficios vinculados a la talabartería, agricultura, carpintería, herrería, etc.
A la mixtura que nos constituyó se suma la presencia china cuya llegada se fecha a mediados del siglo XIX. Estos inmigrantes se sumaron a las luchas independentistas que por entonces comenzaban con gran auge en la región oriental.
Los chinos, a fin de mantener vivas sus costumbres, se agruparon en las denominadas colonias chinas, diseminadas en los distintos puntos donde se asentaron.
En el caso de Holguín, los hijos del gigante asiático se dedicaban fundamentalmente al comercio y la agricultura. Su presencia impactó en los hábitos alimentarios poniendo las verduras como centro en la mesa y junto a ellas el pescado y el arroz.
De sus costumbres, permaneció la celebración del Año Nuevo Lunar o las Fiestas de Primavera. La forma en que sus herederos hacen sobrevivir a su cultura y la de sus antepasados es agruparse en la Asociación de Descendientes Chinos como continuidad de la colonia.
El período neocolonial y la dominación norteamericana también influyeron en el proceso de formación de la nación, por su impacto en la arquitectura y a la extensión del protestantismo en el país.
Lo demás ha sido tiempo y circunstancias, nos hemos ido sedimentando, singularizándonos entre el panorama cultural americano y del mundo. LO anterior es solo un esbozo de los ingredientes del ajiaco, su cocción determina el sabor de lo que somos, nos define.


El logro principal es que esto existe


Subo la colina. Por enrevesados pasillos y escaleras me guían a su encuentro. Es delgado, ágil, más que muchos a los 73 años. Él me espera e invita a pasar al que imagino su reino. Al fondo, un Che monocromático observa. Equipos, para mí desconocidos, pueblan el laboratorio que hace las veces de oficina. Algunos libros en ruso acá y allá, hablan de una lectura reciente. José Antonio Otaño Noguel escucha, piensa y responde.
Conducido por el arsenal de preguntas con que le apunto, me cuenta de su tierra natal: Camagüey; de cómo fue a estudiar a Santiago de Cuba, donde se graduó de Ingeniero en Minas y se quedó como profesor. Más tarde sería Decano de la Facultad de Tecnología de la Universidad de Oriente(UO). También me habla de su esposa, que lo siguió hasta la siempre heroica ciudad y de qué circunstancias lo trajeron hasta la tierra roja.
¿Cuándo comenzó a trabajar en Moa?
“En el año 1964 la Universidad de Oriente inauguró aquí, lo que se denominó Plan Extramuros. Fue la primera experiencia de una filial universitaria fuera de la sede central de las tres universidades que había en Cuba. Un tiempo después, a fin de apoyar la formación de cuadros, en lo que se llamaba entonces Plan de Desarrollo de la Costa Norte de Oriente, se fundó la Filial Minero-Metalúrgica de la UO, con sede en Moa. Yo vine para acá en 1974 como director de la misma. Entonces trajimos estudiantes diurnos de las carreras de Geología, Minas, Mecánica, Química, Eléctrica e incluso de Economía.
A raíz del primer Congreso del Partido, en la tesis acerca de la Educación Superior, surge una nueva estructura para la misma y nuevos centros. La UO se multiplicó y se decidió en 1976, que la filial creada aquí se convirtiera, no en una Facultad, como se pensó inicialmente, sino en un centro independiente, orientado a la Minería y la Metalurgia. Una vez tomada esta decisión me quedé como Rector. Estuve en este rol tres años. Después permanecí como profesor hasta hoy.”
¿Cuáles considera usted que han sido sus mayores logros?
“Creo que el hecho de que el Instituto exista fue un logro. Por entonces en Moa solo existía la Educación Primaria. Se comenzaba a construir un politécnico, no había ni secundaria y nosotros tuvimos la osadía de hacer un centro de Educación Superior. Fue muy difícil además trasladar profesores y estudiantes de Santiago de Cuba para acá. El logro principal es que esto se pudo arrancar, se consolidó y existe.”
¿Qué recuerdos vienen a su mente con mayor agrado?
“La actitud de la gente que me acompañó. Se trabajaba mucho. Además los primeros estudiantes que tuvimos aquí fueron buenísimos y dispuestos a todo. Trabajaron muchísimo y se formaron muy bien.”
¿Qué impacto considera usted que ha tenido el Instituto Superior Minero—Metalúrgico (ISMM), en la transformación cultural de Moa?
“Ha sido decisivo, un factor importante en la transformación del municipio, no todo lo que los fundadores hubiéramos querido. Aunque todavía faltan muchas cosas por hacer. Pero sí que ha tenido un impacto de primer orden en el desarrollo cultural de Moa.”
¿Cuáles son las modificaciones más significativas, a su modo de ver, que se han operado en el trabajador minero metalúrgico si se compara el de los albores del Instituto y el que ejerce hoy en las fábricas del territorio?
“En la época en que se creó la Universidad, todavía la industria minera estaba operada por trabajadores que fueron extraordinariamente abnegados, los mismos que echaron a andar la industria cuando se fueron los americanos, pero tenían un nivel escolar bajo. En cambio, hoy las empresas están en manos de ingenieros. Pero además, de los obreros, el que menos nivel posee tiene noveno grado, o estudió en la Facultad Obrera, tiene doce grado, es técnico medio. Eso quiere decir que se ha operado un cambio sustancial en el nivel educacional de los trabajadores mineros.”
¿El Dr. José Otaño se concibe sin la Universidad?
“Tengo la suerte de ser alguien sano. No me sentiría bien sentado en la casa sin hacer nada. Mientras pueda voy a estar aquí, trabajando. Estoy a cargo de las actividades de postgrado de la carrera. Aquí tengo la posibilidad de formar a las personas a mi alrededor.”
Hemos hablado por casi una hora. Regreso por los pasillos que me condujeron a un saber nuevo, como suelen hacer cada día. Desciendo la escalinata del Instituto Superior Minero Metalúrgico de Moa, Dr. Antonio Núñez Jiménez. Mi grabadora lleva historia viva: el tesoro de la experiencia de un hombre que estuvo aquí cuando todo comenzó. Debajo, la ciudad espera el resultado de lo que en este lugar germina: hombres de ciencia que transformarán el barro en mineral, y otros que trocarán al joven bachiller en el profesional necesario, en una tierra que ha crecido con su Universidad.


Sesenta años de un “zarpazo”


La experiencia y la historia han demostrado que muchas veces, cuando un político no puede dominar al pueblo por las vías legales o más solapadas, recurre a oscuras patrañas, entre sus más frecuentes alternativas se encuentra el golpe de Estado. Cuba conoció de este flagelo.
El 10 de marzo de 1952 el general y ex presidente Fulgencio Batista puso fin a la alternativa reformista que desde hacía más de una década se intentaba sostener en la Isla.
Presidía entonces el país desde 1948, el Dr. Carlos Prío Socarrás. El panorama en la isla se revelaba sombrío: una clase obrera divida y en muchos casos desorientada. Los gánsters se enseñoreaban y aplastaban cualquier intento de oposición, o al menos eso pretendían. La hegemonía norteamericana continuaba siendo una constante y los robos a los fondos públicos no eran noticia.
Fulgencio Batista, militar de profesión, para 1952 ya tenía experiencia en maniobras golpistas. Su primer ensayo fue en 1933 cuando encabezó el golpe que derrocaría a Carlos Manuel de Céspedes (hijo).
De 1940 a 1944 fue elegido presidente. Pero el General quería regresar al poder. Si lo impulsaba un delirio de grandeza o se le agotaba el capital robado en su mandato previo, no lo podemos afirmar, pero creó un partido, clara muestra de sus ansias arribistas. Más, los pronósticos para su victoria recordaban los de lluvia durante la sequía holguinera: cero.
Para 1949 su joven partido solo pudo llevar cinco representantes a la cámara, ubicándose en el penúltimo lugar entre los partidos existentes, entre otras razones por la exigua cantidad de sus afiliados.
De este modo el desafecto del pueblo hacia su persona se hizo evidente y Batista comenzó a crear una situación favorable para su plan B. Armó gran barullo sobre la seguridad de su vida. Hizo responsable de ella al Presidente Prío, quien llegó incluso a dictar una resolución, de la cual hizo llegar una copia a Batista, en la que exigía el respeto a la vida del dictador.
Gracias a las garantías que este ofreció pudo conservarla. De no haber sido así, poco hubiera durado con la larga lista de enemigos que se había agenciado. No obstante el susodicho, se hizo el desentendido para justificar su acción golpista.
Definitivamente Batista no ganaría las elecciones. El favorito del pueblo, pese a la pérdida de su líder primero, Eduardo Chivás, era el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo). Este parece haber sido el principal motivo que impulsó el golpe de Estado.
Desde la noche del nueve de marzo todo se gestaba. Se habían dispuesto cuatro puntos de penetración: Columbia, La Cabaña, La Punta y la jefatura de la policía. “El jefe indio en su puesto. La niña bien”, era la clave para dar inicio a la operación.
Batista sabía por viejo y por diablo y a última hora cambió de auto. Con algunos modificaciones continuó la estrategia golpista, apoyada desde el interior de Columbia donde oficiales complotados apresaron a los altos oficiales en sus residencias, entre ellos el general Ruperto Cabrera, jefe del ejército.
Algunos se resistieron. Fue en vano. En tanto, llegaban noticias a Batista de que La Cabaña, la marina de guerra y el cuartel maestre general de San Ambrosio, así como la policía, habían caído en manos de sus seguidores.
Mientras en Columbia eran detenidos más de 100 oficiales y suboficiales. Amenazados con ametralladoras por los aliados al general se les preguntaba uno por uno “¿Con quién está usted?” Obviamente en esa circunstancia… Su respuesta determinaba quedar en libertad, obtener un ascenso o ser detenido.
En el resto de la isla seguían cayendo en manos de los golpistas las fortalezas y cuarteles, el Moncada entre ellos. Desde esta ciudad un grupo de apoyo al golpe declaró a la prensa los “justos motivos” y las “elevadas razones” que perseguía el general Batista con este golpe.
Pese a la eficiencia del nuevo jefe de la policía, la prensa pronto conoció y divulgó la noticia, la primicia la tuvo Radio Reloj. Para el presidente en funciones ya era muy tarde, suponía que en las provincias se sostenía la lealtad al régimen, se equivocaba.
Entre las primeras organizaciones políticas que se manifestaron en contra del golpe se encontraba el Partido Socialista Popular. Bajo su égida se produjeron, el mismo 10 de marzo, manifestaciones masivas en Las Villas Camagüey y Oriente.
En Santiago los estudiantes de la Escuela de Artes y Oficios se declararon en huelga por 24 horas. En Santa Clara la radioemisora y la alcaldía fue tomada por un grupo de ortodoxos mientras otros se dirigían en gran número al cuartel Leoncio Vidal.
La FEU inmediatamente llamó a la huelga estudiantil y convocó a los ciudadanos a unirse para enfrentar esta afrenta y regresar a la estructura democrática de la República.
Los jóvenes fueron hasta la morada de Prío, quien vivía sus últimas horas como presidente. Llegaron hasta allí para recibir órdenes del legítimo representante de la democracia republicana, quien no tenía un plan para defender este orden de cosas y sí un miedo enorme. Quizá sintiendo la presión de los estudiantes que pedían una respuesta, un plan para contrarrestar el golpe, Prío promete armas que nunca llegarían, evidencia irrefutable de su cobardía.
En tanto el Partido Ortodoxo, al que parecían haberle robado la futura victoria en las elecciones, estuvo bastante silencioso, excepto por la contundente respuesta de un representante de su ala izquierda: Fidel Castro.
Su respuesta estaba contenida en un manifiesto dirigido al pueblo con un título más que acusador: “¡Revolución no, zarpazo!”
El documento contenía una fuerte denuncia de las intenciones más concretas del golpe y exhortaba a la población a levantarse contra el régimen que se imponía.
Ya avizoraba los rasgos que tipificarían al mandato del general golpista:
“Sé de antemano que su garantía a la vida será la tortura y el palmacristi. Los suyos matarán aunque usted no quiera, y usted consentirá tranquilamente porque a ellos se debe por completo. Los déspotas son amos de los pueblos que oprimen, y esclavos de la fuerza en que sustentan la opresión”.
Y advertía: “Cubanos: Hay tirano otra vez pero habrá otra vez Mellas, Trejo y Guiteras. Hay opresión en la Patria, pero habrá algún día otra vez libertad.”
Fidel además, en su condición de abogado, acusó a Batista ante los tribunales, de violentar los poderes constitucionales del Estado y de obstaculizar las funciones del legítimo Presidente de la República, del Congreso y la celebración de elecciones, así como de inducir al Ejército a cometer el delito de sedición.
Pero las protestas de los cubanos dignos no fueron suficientes para detener al tirano. Aquellos que reaccionaron contra el golpe carecieron de una guía certera que los condujese y unificase para ejecutar acciones de mayor impacto.
Las organizaciones partidistas y sus líderes no tuvieron la capacidad de estructurar un movimiento de resistencia a la dictadura que amenazaba con imponerse con Batista a la cabeza.
A consecuencia del hecho relatado ocurrió una profundización de la crisis existente. Además marcó el fin de las ilusiones reformistas que algunos aún conservaban. Pese a ello es posible afirmar que, quizá sin saberlo, Batista contribuyó a la gestación de una situación revolucionaria.
El zarpazo del 10 de marzo de 1952 fue una razón adicionada al monto que acumulaban los cubanos dignos para concebir la lucha armada como única alternativa para la libertad definitiva.


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