Archivo mensual: febrero 2012

Tarde de miel con las abejas de la tierra


De Javier Mola

Me reciben con algo de recelo. No será fácil para esta intrusa irrumpir en el panal transitorio que han urdido. Todos lo saben, pocos en la naturaleza protegen su casa como ellos. Parvulitos, pioneros de pañoleta azul o roja, adolescentes, acompañados casi siempre por sus padres, acuden al encuentro de hoy.
Ahora sí que el murmullo parece zumbido. La reunión ya no será en el sitio acordado. Habrá que trasladarse para otro. Ellos están acostumbrados. Organizadamente se mueven. Basta una mirada, un gesto de José Turro para que los niños obedezcan.
A Moa le ha crecido esta colmena casi de improvisto. José Turro cuenta: “Decían que por ahí andaba un loco con unos niños haciendo teatro. Y era verdad porque de los locos salen estas cosas, de alguien normal no pueden salir”. Sonrío pues él no sabe que ya otras veces he tropezado con esa clase de cordura insólita que se disfraza de locura.
Poco a poco me cuentan de cómo, desprovistos de recursos y casi sin apoyo institucional, nació La Colmenita de Moa, en coincidencia con la Colmenita Central, el 14 de febrero, pero de 2004. El empeño de José Turro Navarro, director de la compañía infantil de teatro moense, dio al traste con barreras de diversa índole. Justo en esa fecha comenzaron las pruebas de actitudes para conformar el grupo, con la colaboración de instructores de varias manifestaciones del arte.
Dos meses más tarde ya estaban actuando ante un público infantil, ávido de la dulce muestra de talento, pues para ellos las propuestas en el municipio son escasas.
Así las laboriosas abejas han conformado y puesto en escena ocho piezas, algunas del repertorio de la Colmenita Central y las otras propias, casi siempre vinculadas a antológicos cuentos y fábulas infantiles.
“Esta es la Colmenita de Holguín -afirma Turro categórico-. Nos distingue el hecho de ser las abejas de la tierra, además somos una compañía independiente aunque pertenecemos a la Colmenita Central. También nos singulariza el vestuario negro con rayas naranjas.”
Por este grupo han transitado muchos niños, por un tiempo sumaron 70 sus integrantes, pero hoy no llegan a 40, pues según su director no tienen condiciones para dirigir un número mayor de niños quien expone que “la compañía tiene el propósito de formar y hacer crecer artísticamente a los niños y por supuesto también su moral, o sea, como seres humanos.”
De su trabajo fuera de Moa explica:“Hacemos giras por diferentes provincias, fuimos al Sexto Congreso del Partido, invitados por Raúl Castro.” Los pequeños cuentan que esta fue una experiencia enriquecedora y que disfrutaron mucho el encuentro con las demás Colmenitas del país.
La existencia en Moa de esta compañía teatral no solo representa la anhelada opción para los pequeños de presenciar teatro dedicad a ellos, sino que abre una brecha para esta manifestación a través de un festival, que si bien se ha mostrado algo intermitente, posee la intención de convertir los días en los que se extiende, en una gran fiesta para los niños.
Pero no todo es miel entre las abejas de la tierra, Turro lamenta que “pese a haber recorrido casi todo el Plan Turquino de Cuba, no hemos actuado ni en Farallones ni en la Melba.” Contradicción que no encuentra lógica, a juicio de esta periodista. “Es triste que de cualquier parte del país nos garanticen el transporte, y que los niños de Moa, que viven en el Plan Turquino, no hayan visto a la Colmenita.”
Pese a ello se reconocen sus logros en los sitios donde se han presentado. El más bello piropo que de seguro han recibido estos colmeneros, llegó de labios de Cremata, “En Moa hay más talento que níquel.” Porque según afirma José Turro, el de estos niños “es un talento natural, que llevan en la sangre y es también lo que nos diferencia.”
Lo cierto es que esta compañía se sustenta del esfuerzo, cotidiano y a veces silencioso, de padres y equipo técnico. Son ellos los encargados del vestuario y utilería de cada puesta, los que acompañan a los pequeños en las giras y presentaciones en general.
Mientras conversaba con Rosmery Hernández, una de las abejitas que se mostraba un poco intimidada por mi grabadora, conseguí la más sincera y larga respuesta a todas las preguntas que le había hecho. Me confesó que aún revolotean en busca de un espacio para ensayar “me gustaría tener una sede, un lugar seguro para no tener que andar por ahí”.
“A la Compañía se le dio primeramente un local en Rolo Monterrey, pero la distancia del mismo al resto de la cuidad era demasiado significativa y dificultaría la asistencia de padres y niños a los encuentros,” explica Turro.
Ahora tienen asignado otro en condiciones paupérrimas y aunque tienen el presupuesto para llevar a cabo la reparación, esta no se ha concretado. Las gestiones encaminadas a agenciarse un lugar propio continúan. No obstante Turro está convencido de que “existe el corazón, la voluntad y el talento de seguir adelante.”
Ahora las abeja se reorganizan estructuran mejor su equipo técnico, montan una nueva obra, zumban en un ir y venir de acuerdos y creación. Pese a las limitaciones continúan libando experiencia porque, al decir del director: “El trabajo que tenemos por delante es mantener la Colmenita a este nivel que hemos alcanzado.”

Anuncios

El futuro eres tú


Y… no ha cumplido aún 20 años y tendrá a su segundo hijo. En duodécimo grado salió embarazada y decidió dejar la escuela para atender al bebé. Su novio obtuvo una carrera pero la deficiente formación vocacional le jugó una mala pasada y decepcionado desertó. Ahora espera terminar el Servicio Militar para, a través de la Orden 18, obtener una carrera universitaria.
Tomar decisiones, mirar hacia el futuro con perspectiva y sentido común, parece mucha responsabilidad para un adolescente. La madurez psicológica no llega a todos al mismo tiempo, por eso a la familia y la escuela compete la formación vocacional de sus muchachos, aunque en ocasiones ambos incumplen con tal cometido o lo hacen de manera insuficiente.
Según Luis Arias, jefe del Departamento Provincial de Secundaria Básica, casi al finalizar el 2011, la cifra de alumnos desvinculados de los estudios, tras culminar el noveno grado, se aproximaba al centenar, con marcado predominio de las hembras. Ello obedece a la prioridad otorgada a las especialidades Construcción y Agronomía, lo que provoca, en la mayoría de los casos, desmotivación de las féminas. Por ende las carreras enunciadas son las de mayor incidencia en el abandono escolar.
En el caso de los que desertan sin haber concluido sus estudios en esta enseñanza, son por lo general repitentes que se sienten desfasados respecto a sus compañeros, pues como es sabido, en la pubertad un mes cuenta para hacer la diferencia. A ello se suma el embarazo y matrimonio precoz.
Este funcionario asegura que a inicio del curso 1444 alumnos no se habían incorporado a la docencia. Ello motivó la visita a los familiares para interactuar con estos a fin de garantizar la incorporación de los educandos a sus escuelas respectivas.
Arias afirma que “Holguín es la única provincia que, en este curso, hizo dos modificaciones al plan de plazas, inicialmente para el municipio cabecera y en un segundo momento nos aprobaron, atendiendo las necesidades de algunos territorios, abrir algunas plazas. Pero esto no será algo que podrá repetirse.
En tal sentido las hembras se encuentran en desventajas, pues aquellas al final del escalafón solo encuentran opciones, desde antaño estereotipadas como oficios masculinos. No hay mucho que pueda hacerse en estos casos, pues “el rendimiento es quien hace la diferencia”, explica Luis Arias y apunta la necesidad del ingreso de estudiantes motivados a alcanzar la Educación Superior, con lo que los jóvenes no derrocharán tres años para luego acogerse a una opción que desde el noveno grado tuvieron.
Por otra parte, la ley establece la obligatoriedad de culminar la Secundaria Básica. Además el gobierno cubano extiende sus opciones, facilitando vías para el ingreso a diferentes modalidades de la Educación, como la Enseñanza Técnica Profesional.
Según Diana Rosa Suárez, jefa del Departamento Provincial de esta esfera, a inicios del curso existía un pequeño número de deserciones en dicha enseñanza. Cercano al 2012, solo llegaban a seis, fundamentalmente de segundo y tercer año, los que fueron visitados y “se les ofreció cambiar su especialidad por una afín, ejemplo: a los técnicos medios se les propuso pasar a obreros calificados, para terminar en dos años. Aquellos que no se incorporen inmediatamente tienen derecho a matricular en la Facultad Obrero Campesina.”
Diana Rosa Suárez expone entre Las causa del abandono escolar “el ingreso de educandos sin una adecuada formación vocacional. En muchas ocasiones enfrentan programas y planes de estudios, donde predomina la actividad práctica, como las de la rama agroindustrial, que no son de las más demandadas”. Para los trabajadores de Educación la permanencia es imprescindible pues “nuestra eficiencia consiste en graduar al estudiante, de lo contrario significa una derrota”, opina esta funcionaria.
La búsqueda de medios para evitar dicho fracaso es constante. Según Suárez, para “el alumno que llega desmotivado, existe una estrategia que depende también del apoyo de la familia, pues en ocasiones existen algunos con determinada vocación y en el hogar los desestimulan, a veces por razones económicas o de otra índole.
Otro factor que atenta contra la permanencia es el ingreso de estudiantes con afecciones que dificultan su inserción en algunas especialidades y demandan la reorientación hacia otras, a fin de conservarlos y que se gradúen.” La raíz de tal fenómeno se encuentra en que algunos niños con padecimientos severos, ocupan posiciones desventajosas en escalafones que los conducen a carreras, para ellos, imposibles de desempeñar.
Por otra parte surge una nueva inquietud en padres y alumnos, ¿para dónde van estos muchachos una vez concluidos sus estudios?
Suarez recuerda la garantía de ubicación para la totalidad de la matrícula existente en años anteriores y lo contrapone a la situación actual donde no es posible ubicar a todos los egresados, de algunas especialidades, debido a la cantidad de graduados existente y al desarrollo económico del territorio. Según asevera Diana Rosa “en estos casos y a partir de las posibilidades de cada territorio, tras coordinar con el Órgano de Trabajo, se les ofrece la posibilidad de optar por plazas que no están directamente vinculadas a su perfil.
No obstante, como parte de otra de las misiones que tiene esta enseñanza, los estudiantes, al terminar sus carreras, están listos para la vida, algo que debe entender la familia. Muchos piensan que como no hay una garantía de empleo, no tienen por qué estudiar, lo que influye en la desmotivación y no incorporación a los estudios. Pero la oportunidad de aprender un oficio, de saber desempeñarse en una actividad técnica, nunca está de más.”
La jefa del Departamento Provincial de Enseñanza Técnica Profesional precisa que “esto es una situación coyuntural y tener una preparación es importante para todos. Además está la modalidad del empleo no estatal, que si bien no lo otorgamos nosotros, el estudiante puede acceder a ella como otra opción.”
Al culminar el pasado curso más de dos mil estudiantes no ingresaron a la Educación Superior y se les ofertaron carreras de dos años en la Universidad de Ciencias Pedagógica holguinera, a fin de formarse como profesionales de Secundaria Básica. Opción aceptada por varios cientos.
Abel Ricardo, funcionario del Departamento de Enseñanza Media informa que además se les ofrecieron 2678 carreras de Obreros Calificados, en toda la provincia. Pero muy pocos aceptaron y solo se pudo abrir un grupo con 26 estudiantes.
Ricardo asevera que cada estudiante que rechazó sus opciones fue visitado. Entre las razones alegadas para tal actitud se encuentra el comienzo de la vida laboral, el matrimonio, la maternidad, etc. Este funcionario explicó que “la posibilidad de seguir estudiando se les puso en las manos a través de las opciones disponibles en ese momento. Los Gobiernos y la FMC de los municipios trabajaron en función de garantizar una plaza para cada uno.”
Ahora cabría preguntarse si los jóvenes son conscientes de la imposibilidad que enfrenta el país de sostener un curso de superación para desvinculados de forma masiva, como hasta hace poco, si saben de su responsabilidad de aportar a la sociedad.
¿Hasta cuándo cuestionaremos y señalaremos la deficiente formación vocacional para encargarnos realmente de ella? No tendremos jóvenes enamorados de la Agronomía si no conocen sus encantos, por ejemplificar. ¿Hasta cuándo los oficios serán vistos como la opción postrera?
Tampoco creo justo que el magisterio sea la última alternativa, pues aunque mucho pueden aprender una vez que comiencen en dicha carrera, todos los padres quieren para su hijo el mejor maestro y no es infrecuente que ante las aulas estén muchachos desmotivados y sin vocación que desvirtúan el sagrado evangelio que es la educación.
El garante para la continuidad de estudio radica en un trabajo multisectorial y la expulsión de prejuicios como la distribución de los oficios según el género. Es preciso entender al trabajo por cuenta propia como una forma lícita y valedera de obtener el sustento. La modificación de la conciencia, hecho que no será inmediato pero que urge comenzar, demostrará a cada joven que el futuro se fabrica desde sus decisiones en el presente.


Tambaleándose por la vida


Nunca he entendido por qué, cuál es el encanto que hallan otros. Lo cierto es que prefiero los sabores dulces antes que el amargo y quemante gusto del alcohol. Añadamos a eso mi aversión a los tambaleantes individuos que, pasados de tragos, hacen y deshacen. No obstante respeto las decisiones de cada quien, pero me indigna lo que veo con más frecuencia de la que quisiera.
El alcoholismo es una enfermedad. Dolorosamente pareciera esparcirse en la sociedad, como un veneno que al tomarlo uno provoca efectos negativos en los que le rodean. Lo atestiguan las víctimas de violencia intrafamiliar, los testigos inevitables del escandaloso que, a media madrugada, pide que no lloren por él, los blancos de etílicas ofensas o fueron atropellados por choferes, con demasiados grados de alcohol en sangre como para reaccionar a tiempo, antes de fracturar vertebras, quebrar postes o terminar con la vida de alguien, probablemente sobrio.
Por eso mi indignación llega a niveles estratosféricos al ver estas imágenes: ellos tiene entre 13 y 18 años, al menos uno es mayor de edad. Se fotografían con una botella de ron como trofeo de caza. No es la primera vez que beben, no se esconden para hacerlo, hay adultos alrededor, ninguno les dice nada, mucho menos el dependiente, él ni siquiera preguntó a quien extendía los billetes, su edad, ni qué decir de pedirle su carné para verificarla.
No es mi intención satanizar a los dependientes, no puedo afirmar que todos sean irresponsables ante el expendio de bebidas alcohólicas a menores de edad. Aunque en la mayoría de las instalaciones gastronómicas que expenden bebidas alcohólicas un cartel reza con letras claras la prohibición de tal hecho, ello no implica, necesariamnete su cumplimiento.
Pero bien, la responsabilidad de que nuestros menores beban impunemente no es exclusiva de estos trabajadores. Dónde estaban los padres, cuando en aquella fiesta de quince, en cierta instalación hotelera, con barra abierta, los muchachos se tambaleaban, mareados por el “emocionante experimento” de beber y vomitar sobre zapatos de estreno.
No hay que pretender que nuestros adolescentes sean purísimos, castísimos, casi a punto de canonizar, pero la responsabilidad de los adultos comienza donde acaba el sentido común de los púberes, demasiado inexpertos para tener percepción del riesgo.
El condicionamiento social de que la diversión depende de cuánto se beba, de que la masculinidad se acentúa cuando lo haces, de cuán superior es el o la joven si puede llevar “un rifle” a una fiesta, propicia la entrada a un mundo de márgenes difusos, no por gusto el alcohol es denominado droga portera.
Me cuesta mucho trabajo entender a esos padres de “ven mete el dedito para que pruebes”, o de “sí tomate una cerveza si ya tu eres grande”, no, no y no, asumo que nunca se es lo suficientemente grande como para controlar sus actos una vez embriagado.
No obstante, la adultez acarrea la obligación legal de asumir las consecuencias de nuestros actos. Por eso enseñe a su hijo a ser asertivo, a decir “no quiero”, “no me gusta”, “no lo necesito para divertirme”, no le deje ser una víctima de la presión de grupo, sobre todo, predique con el ejemplo.
Por supuesto que es preciso ahondar en la responsabilidad de las instalaciones gastronómicas donde se venden bebidas alcohólicas, establecer normas para el consumo, crear una cultura que evite que la imagen que dio pie a este comentario se repita en las noches de Holguín.
Es muy triste pensar que ese o esa que ayer comenzaron, como en juego, solo mojándose los labios en una descarguita, o como una prueba de que sí eran grandes frente a sus amigos, hoy sean sombras que andan tambaleándose por la vida.


De lupas y catalejos

Corro el riesgo de equivocarme, segura, - como dice el poeta - de que "por un fuego que no des a tiempo puede no salir el Sol"

Desde la otra esquina

"Una mirada desde Holguín y para el mundo..."

De mi país

Para conocer de la isla y su gente

edumund

Just another WordPress.com site

Letra joven

Para reflexionar, reír, debatir y publicar.

Un pedacito de Mar

un espacio para echar a navegar ideas...

Cuba nos une

"Cuba es tu corazón, Cuba es mi cielo, Cuba en tu libro mi palabra sea."

La mariposa cubana

un capullo de cubanía y de fidelidad

Cuba en letras

Contar la Isla desde un blog