¿Letra muerta?


Él no puede renunciar a ese placer que conoce hace tantos años. Es capaz de hacerlo en la cama, el sillón, un auto, la playa, la guagua. Ahora puede incluso disfrutarlo con la luz encendida y también apagada. Le encantan los momentos previos, de ir descubriendo cada parte, lo seduce la expectativa y le fascina la sensación contradictoria del final al que ansía llegar para propiciar un nuevo comienzo, en un ciclo infinito de éxtasis, casi siempre privado.

Lo mejor de estos tiempos es que puede tener consigo a la vez tantos como en su memoria quepan, sin temer al peso o largo de cada uno. Igualmente puede hacerlo más grande o más pequeño si quiere, cambiar su aspecto para mayor comodidad. Todo ello desde que lee con el celular.

Ha visto estudios sobre cuánto de superior tiene la lectura de la página impresa, de que la luz de las pantallas estimula la vigilia y por eso, puede tener insomnio; ha oído anunciar, por casi dos décadas, la muerte del libro en soporte “duro”. Pero está convencido de que como no murió el teatro con la radio, ni esta con la televisión, ni todos ellos con el surgimiento de internet, no pueden tener razón estos agoreros pronósticos hacia el invento de Gutenberg.

Él mismo no ha renunciado a su biblioteca personal de desvencijados tomos, amadísimas páginas de Raduga, Progreso, Mondadori, Alfaguara, Gente Nueva, Abril, Letras Cubanas, La Luz, tantas editoriales que han impreso sus sueños. Y eso no anula que ahora le apasione leer de otro modo, que al final viene a ser el mismo.

Como todo buen lector, su orgullo máximo radica en las joyas de su librero, rarezas, ediciones limitadas y robos a bibliotecas públicas, ojo: no estimula este “vicio”, solo es un comentario al margen.

El desarrollo de la tecnología le ha traído un insólito valor agregado al proceso de lectura, zona wifi mediante descarga novedades literarias, antiquísimos títulos que siempre anheló presumir, pero sobre todo puede leer online y ser coautor de relatos de nuevo tipo, basados en la multimedialidad e interactividad, dos preciosos regalos de la red de redes.

El nuevo soporte permite a los cibernautas contar su propia historia o enriquecer historias preexistentes, así, en un proceso de construcción colectiva, ya el lector no parece estar solo con sus páginas, sino que lee junto a otros, aunque la distancia no importa, es un desdibujado término que puede ahora solo contarse en clics.

De la lectura lineal, hoy es posible pasar a una horizontalidad gracias a los hipertextos, que permiten recorridos tan diversos como usuarios se acerquen a un producto, y aquello que Cortázar planteó en Rayuela, le parece la génesis de esta posibilidad maravillosa.

Ahora el libro es más suyo y al mismo tiempo de miles de internautas. La narrativa transmedia, fenómeno relativamente reciente en el contexto de los denominados nuevos medios, prende entre las audiencias como una nueva posibilidad de consumo de los productos de la cultura.

Por eso hace oídos sordos a los apocalípticos anuncios de la muerte de la lectura o el libro, tampoco cree que realmente se lea menos, entiende que se hace de otros modos y brinda por eso con una inseparable taza de café. mientras pantallas de computadoras, tabletas, celulares o readers, junto a la maravilla de la letra impresa, sigan cautivando al menos a una persona sobre la Tierra, seguirá creyendo en lo insustituible de ese placer que conoce hace tantos años y del que no puede prescindir más allá de los soportes.

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De la mano de papá


Historia 1: Mi papá no me llevó a conocer el hielo, pintó con mercuro cromo la cabeza de una rana. Todo para demostrar la hipótesis de que la misma era la que llevaba una semana croando cada noche en el balcón. Espero los crímenes contra los animales prescriban. Con su estrategia de desensibilización progresiva me hizo tocarla hasta probar que no mordía. Trataba de hacerme valiente. Lo siento por la rana, pero funcionó.

Historia 2: De su mano llegó al estadio, se acercó al terreno, hizo de las suyas por aquel espacio que desde su estatura infantil parecía inmenso. Se creía el Cristóbal Colón del diamante beisbolero, y bojeó entre la arcilla y la hierba, bajo la mirada distante pero protectora de su padre. El niño no reparaba en la cuidadosa vigilancia de quien desde siempre lo apoyó en su afición por un deporte que, aún sin practicarlo, sigue dándole placer, triunfos, deseos de trabajar, pese a todo, cada día. Tal vez porque está seguro de que, como aquella primera vez en el terreno, desde algún sitio, el que le dio el nombre, aún lo observa y lo cuida.

Historia 3: A ella le fascinaba su compañía, él se inventaba personajes y un mundo donde cabía cualquier disparatada creación, incluso en aquellos años, los más duros que recuerda, cuando había que pedalear casi hasta el horizonte para un canje que pusiera algo en la olla de la casa. Entonces él, que la había llevado a ese viaje extenuante, después de obtener unos plátanos en el trueque, subió a la niña a una colina, le enseñó el infinito y le dijo al oído: mira, nena, estamos en la cima del mundo. Ella lo creyó, podía ser, debía ser. Los papás nunca mienten. Mucho demoró en saber dónde estaba el Everest, que la lomita a la que ascendieron en bicicleta no era ni un chichón en el pico más alto de la Tierra y que aquellos años se conocieron como periodo especial. Por suerte, tuvo un mago que invisibilizaba esas carencias de alimentos y kilómetros.

Tres historias distintas e iguales en la certeza de que no hay como ser conducido por la vida, de la mano de papá.


La cofradía del IPVCE


Saldrás de aquí con alborozo, pensando en otros comienzos y aún no lo sabes. Desconoces que a partir de este momento formas parte de una cofradía, esa en la que no importa si fue en los abundantes 80, en los terribles 90 o en la esperanzadora primera década del siglo XXI, a partir de hoy serás para siempre un “muchacho de la Vocacional”. Esto constituye una tarjeta de presentación que habla por sí misma y vale como una de créditos.

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Te vas hoy casi con alivio, graduado al fin , a la universidad, al futuro y no sabes cuántas veces revisitarás el pasado, cómo te va azotar la nostalgia, por los pasillos, la T, el aéreo de la 5, la plaza donde veías a todos y no pasabas jamás sola por si te estaban mirando para darte chucho; los albergues, las cacharras compartidas, los días de quemarse las pestañas, los “filtros”de la élite, la cuartelería, las maldades de los compañeros de cubículo, el paraíso, prohibido tantos años y visitado por tantos infractores…las puestas de sol.
Extrañarás a los profes, a los que pusiste motes nuevos o aprendidos de años anteriores, a los que temías por no saber ni “jota” de su asignatura, y con el tiempo los verás con nuevos ojos, pensando qué gran tipo, qué buena era aquella profe de Literatura, qué recio me llevaba la teacher, pero parafraseando a Aute “todo el inglés que supe y que sabré nunca fue culpa de ella”, hasta el almuerzo del comedor te parecerá entrañable, por ese velo místico que pone la memoria a los recuerdos, incluso a los malos.
Para ti siempre volverán a florecer los viejos flamboyanes como despedida, mientras se deshojan cada septiembre para recibir a los “decimales” quienes comenzarán un ciclo que invariablemente conduce a engrosar las filas de la cofradía de los muchachos de la Vocacional José Martí de Holguín, un privilegio, un honor, una añoranza.


Le zumba! se murió Zumbado


-Oye, se murió Zumbado, lo acaban de decir en el noticiero.
Me conmueve, pero más el hecho de que para muchos hace tiempo que este hombre estaba muerto, para otros, la mayoría, es un desconocido. Lástima.

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Prosa cáustica, humor irreverente y fino, el valor que a muchos le falta para decir lo que creen, a riesgo de parecer atrevidos o insolentes, caracterizó la obra de Héctor Zumbado Argueta. Periodista cubano, reconocido como escritor costumbrista y quien fuera, además, hombre de muchos oficios, es hoy prácticamente un desconocido, a pesar de que constan en su currículum galardones tan importantes como el Premio Nacional del humor en el año 2000.
Zumbado es autor de libros como Limonada, Riflexiones 1 y 2, Prosas en ajiaco, Esto le zumba, en los primeros se compilan textos salidos de su columna en el Juventud Rebelde en los lejanos 70 y 80.

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El choteo descrito por Mañach era su principal arma, los neologismos florecían bajo su pluma de un modo que exasperaría a los Miembros de la Real Academia de la Lengua Española y la acritud de sus críticas a lo que denominaría la “cagástrofe estética”, parecen aplicables a 28 años de la publicación de un libro que advierte y divierte al presentar un fenómeno imperante entonces y entronizado ahora. Se trata de un material dela colección Saeta, Kitsch, kitsch…Bang, Bang, publicada en 1988 y atractivo incluso desde el título intertextual y sonoro.
Zumbado hace un análisis al fenómeno del kitch desde su surgimiento y del contexto europeo original lo aterriza en la Cuba de finales de los ´80 que como descubrirá el lector en un acercamiento a este texto, tiene muchos puntos de contacto con la isla que habitamos en la segunda década del siglo XXI.
Un coloquialismo de probada eficacia adorna este material donde la norma popular se inserta en voz de un hablante culto, sin parecer impostación o pretendido “código asere” para acercarse a un lector de “pocas luces”. Así es posible tropezarse con frases como “hizo maravillas”, “se fue del aire” o “cayó de flai”.
Sus tropos no escapan de este modo particular de decir, lo ilustra su descripción de la prensa plana con este símil: “a veces chata y aplastá como gato bajo un zil”. Otras de las figuras retóricas empleadas son “explosivo coctel humorístico” y “suda imaginación”, peculiares maneras de describir la película y a Juan Padrón, respectivamente.
Los neologismos aparecen con una naturalidad que harían pensar al lector que podría encontrar su significado fácilmente en cualquier diccionario. El periodista explota recursos que lo definen y le hacen auténtico y lo que empleado de modo distinto puede parecer burdo o chabacano, encuentra en el modo de decir de H. Zumbado una manera armónica de comunicar que fluye y es auténtica.
Dicen que hacía ya tiempo apenas podía hablar, menos escribir, como resultado de una golpiza, que no se sabe bien de dónde vino y le arrancó a él y a nosotros la posibilidad de seguir descubriendo el mundo nuestro a través de los zoom a la cotidianidad que hacía Zumbado.


Donde el tiempo no se detuvo


sagua 1
Un pueblito en un valle. Un río, sierpe temible que duerme en silencio hasta que el aguacero insufla vida a su cauce. Entonces se derrama, muerde la tierra, arrasa, pero hoy no, hoy está quieto.

sagua2 parque martí
Es mayo. Hay gente en las esquinas. Un cumpleaños cualquiera hace que cierren la cuadra y se pare el tránsito en una vía cercana al centro. Pero a todos les parece natural.
Carretillas con mangos, tomates, pepinos, piñas. En el parque los de siempre y los de paso, la iglesia gris y añeja al fondo, católica, apostólica y romana como la de los pueblos con sabor antiguo.
En la casa de cultura un hombre sigue luchando contra la desmemoria y ahora su nombre está escrito en la pared: Mingolo, su aula de música y al lado la biblioteca y el reposo de los libros que esperan manos nuevas.
Bajo por la calle más transitada y hay un lugar insigne, allí van todos aun sin ser invitados, sin costo alguno. Allí se habla de política, religión, pelota, economía, de lo irremediable. Se llora a ratos, se cuentan chistes verdes, rojos, negros, se toma café, se comen bocaditos y se dice “y cómo fue…”
Más tarde la multitud camina despacio todo el trayecto hasta el camposanto rindiendo honor al que parte, a su familia, a la memoria, porque en Sagua la muerte es un momento esencial de la vida, un pretexto para coincidir. Casi religiosamente se despide duelo sea quien fuere el difunto, se llora mucho, hasta se puede beber en nombre del que ya no está.
De regreso te encuentras con tantos personajes pintorescos : hay borrachines simpáticos, guapos temibles , escritores semidesconocidos, viejos héroes de guerras casi olvidadas, ancianas memorables que desde el portal saludan, aconsejan, abrazan, ordenan, amarran el tiempo.

sagua 3 vista aérea
Así llega la noche. En el parque la música sube, en las casas la humedad del río se cuela, reina el sueño, pero algo lo interrumpe, voces, clarinete, guitarra en la ventana. Son las doce y empiezan las serenatas, nunca madrecita del alma querida suena más conmovedor ni franco, son jóvenes van de puerta en puerta cantando a vecinas de años y a desconocidas que salen de la modorra para agradecer el gesto y luego dormir con la música arrullándole a lo lejos.
Al día siguiente todos se saludan, se felicitan. Los que vienen de viaje como si nunca hubieran partido, los de casa con actitud de anfitrión confiable.
Y pasan los días en Sagua de Tánamo, un pueblo donde algunos piensan que no cambia nada, que el tiempo se detuvo, pero las costumbres, la tradición, y algo que tiene que ver con las esencias del pueblo chico permanecen pese a la señal wifi y la televisión digital, pese al tiempo.


La maldición del cromosma X


No sé si la primera en bajar del árbol fue hembra o si el fuego lo empleó una primigenia ama de casa hastiada del mamut crudo. Dicen que tras cada gran hombre hay una gran mujer. Si es por Napoleón, esta relación de proporcionalidad no ayudaba a Josefina. Eso me lleva a preguntarme: ¿qué estatura tendrán los esposos de las grandes mujeres de la Historia humana? Continuar leyendo


Aroma de mariposas


 

 

No alcancé a escuchar su voz en la radio o verla en vivo en la televisión para hacerme una imagen suya. Debí conformarme con las fotos y lo que enseñan los libros. Ella murió demasiado pronto, aun así apostaría a que olía a mariposas, tanto tiempo prendidas de su pelo debieron marcarla con ese aroma a Cuba de los níveos pétalos.

FLOR

Han transcurrido 36 años de ese acontecimiento y algunos afirman que aquel 11 de enero también murió una esencia, algo estrechamente ligado a la Revolución. Otros aseguran que era como una santa, pero una santa que fumaba mucho y se vestía con sencillez, que implantó algunas modas, aunque también llevaba el verdeolivo como si fuera glamouroso atuendo. La mujer era fuerte, tanto que subió a la Sierra a poner un busto de Martí y luego a liberarla, y al resto de la isla. Una celosa guardiana de la verdad que se ocupó de que la Historia recogiera con detalle minucioso cada evento de esos días en que las montañas fueron trampa y abrigo.

CeliaHugsLittleGirl

También dicen que sabía entender a los que a ella acudían con algún pedido. Cuentan que era muy justa y que trabajaba como si supiera corto el tiempo y tratara de aprovecharlo minuto a minuto. Los niños de aquellos primeros años de la Revolución que vivían cerca de su casa atestiguan como entre pillos y curiosos iban a pedir los mangos de su patio y no pocos hicieron carreras gracias a su proverbial generosidad y comprensión.

Por eso se multiplican los homenajes por estos días a la heroína, como el que rindieron estudiantes, trabajadores de servicios y docentes holguineros este viernes, en el campus universitario que lleva su nombre, pues Celia Sánchez Manduley se trocó en símbolo en un país donde la mujer comenzó, con cubanas como ella, a forjarse un sitio a la misma altura de los hombres.


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