Halloween cubana


-Yo voy de Amy Winehouse y si no consigo laca para el moño me visto de Mujer Maravilla.

– Y yo de Frida Kahlo, esa sí fue una mujer maravilla.

-A mí no me sirve nada, ¿de qué se supone que me vista, de Totoro?

La escena anterior no es de una comic-con, ni un festival de cosplay. Es la fabulación de unas aventureras trasnochadas, que planean una celebración de un Halloween tropical.

Habrá algunos escandalizados por semejante propósito que en otra época habrían llamado extranjerizante y camino seguro al diversionismo ideológico. A otros, más jóvenes quizás, les parecerá genial emular con las películas, representar otra realidad o irrealidad.

Esto es Cuba, señores, no os asombréis de nada, abrazamos la transculturación y aderezamos continuamente el idiosincrático ajiaco de Don Fernando Ortiz, con influencias, blancas, negras, mulatas, amarillas y aborígenes, árabes y como se ve, anglosajonas.

Pero, ojo, que hay quienes temen que un ingenuo condimentar con especias importadas a este condumio nacional, enrarezca el sabor y luego, en lugar de plato típico, resulte caldo con sabor a infocolonización. Hablo de un proceso de globalización cultural que trasciende el dominio geográfico para entronizarse en la ideología y la subjetividad de los individuos; en la construcción o descontrucción de símbolos que potencian la dependencia dictada por el mercado y los valores que impone este.

La infocolonización emerge como nueva forma de someter, es la esencia de una hegemonía centrada en la imposición de paradigmas, desde los productos de la cultura, entendida en su más amplio concepto, para perpetuar relaciones de poder que invisibilizan lo autóctono.

Cada vez es más frecuente toparse con este tipo de celebraciones en casas, centros educativos, instalaciones hoteleras del archipiélago. Y no hay que temer o condenar a hogueras ideológicas a los participantes del jolgorio. Toca estar claros de lo que somos, y cómo se expresa. El problema no es la fiesta, ni el disfraz, no se deja de ser cubano por celebrar esa mezcla de la cultura anglosajona y celta. Daría igual si festejaran, unas horas después, el Día de Muertos tan famoso en México.

El verdadero problema es la estetización difusa, descrita por Mayra Sánchez, o la alarma que hizo sonar, Novíkova, desde 1986, acerca de la necesidad de observar las tendencias a la configuración de un gusto estético alienante, separado de esencias humanas y cuya representación se haya en la cultura de masas, la cultura de consumo y la estetización superficial, aspectos que traspasan todos los ámbitos sociales e inciden en la formación de una espiritualidad que desatiende los principales problemas de los individuos para ocuparse de lo banal, superfluo e intrascendente.

De modo que el problema no es Halloween made in USA, sino que quienes celebran sepan de dónde viene la fiesta y de dónde vienen ellos, por qué se disfrazan de uno u otro personaje y su impacto en la cultura o la sociedad. Por ejemplo, que Frida Kahlo, pintora y poetisa, es un ícono mexicano, controversial y única, cuya obra es superior a las 200 piezas; que a la voz de Amy Whinehouse, cantante y compositora inglesa, primera mujer británica ganadora de cinco Granmys en una noche, no le bastó el virtuosismo y fue apagada por las drogas, que Mi vecino Totoro es un paradigma del animado japonés de los estudios Ghibli y considerada por algunos como la mejor película animada de la historia. Conociendo esto, nadie podrá decir que todo está perdido, sino que todos ganamos.

Porque, alejados de las pantallas, de la hiperconexión de los dispositivos y desconexión entre nosotros como seres humanos, dependientes de la tecnología, un grupo decidió verse las caras en persona, pintadas o no, e intercambiar, socializar, sin dejar de ser cubanos, rellollos y auténticos en un Halloween a la cubana que privilegia el enriquecimiento del espíritu.

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Violetas para Bárbara


Nuestro primer encuentro fue hace quince años. Yo la reté, adolescente al fin, con un comentario inadecuado en medio del aula. Ella aseguró ríspida que tendríamos un futuro poco prometedor, y ya no supe cómo arreglar la metedura de pata con una profesora conocida, tal vez injustamente, por ser implacable.

Pero las dos erramos, con chance para segundas, terceras y décimas impresiones, hoy entiendo ese primer encuentro como un anuncio contradictorio de comunión.

Me impartió Español Literatura, mi asignatura predilecta, los tres cursos del preuniversitario, y fue “una fiesta innombrable”, al menos para mí.

Recuerdo los domingos más largos y ventosos que he vivido, los del retorno de franco, cuando los muchachos de Holguín y municipios cercanos regresaban olorosos a limpio y recién planchado, nosotros, los de municipios lejanos, les recibíamos con olor a beca, pase de lista y un poco de desamparo.

Entonces ella, que nutría en días de clases mi espíritu con lecturas de Carpentier y Poe, alimentó también mi cuerpo. Y su comida sabía a gloria, a hogar, a abrazo, no solo por la sazón deliciosa en el congrí, bistec y plátanos maduros fritos, había algo más, el esfuerzo, el desprendimiento de compartir lo que, con mucho trabajo, estoy segura, guardaba para su propia hija, mi compañera de curso. Aquello, en su pudorosa humildad doméstica, era superior a cualquier banquete lezamiano.

Ahora la encuentro en su atalaya de la calle Máximo Gómez. En dos horas hablamos de lo humano y lo divino, la constitución y el clima; sus alumnos de antaño, mis amigos; los hijos que nos nacieron a los que ella recibió en uniforme azul y taca-taca (zapatos colegiales).

Quise ser la primera en felicitarla porque este octubre cumple 60 años.

– ¿Te vas a retirar?

– Si me conocieron joven, ahora me tienen que aceptar vieja. Llevo allí 42 años.

Sonrío y pienso: la profe no ha cambiado, aunque la golpeen achaques del calendario mantiene su esencia, ágil en la riposta, gimnasta mental como ninguna, aguda y cáustica si quiere.

Bárbara, la madre postiza que me dio el IPVCE (Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas), candidata como yo a modelo de Botero, la de ironía finísima y aguzado talento para el sarcasmo; Baby, la especialista en hablar con los ojos, en poner en la inflexión y el tono de la voz, la polisemia de la poesía vanguardista y todos los ismos, intuyó cosas de mí que ni yo había descubierto, exhortó mi vocación, me enseñó aplomo y cómo preparar el arroz imperial, una receta que hasta el día de hoy hago según sus instrucciones.

Tal vez no le he dicho gracias las veces suficientes, espero tener tiempo para devolverle tanto que me regaló en mis días de la Vocacional. Mientras, me alegro con creer que sabe, cuando me lee en la prensa, cuánto de eso le debo.


Senectud


 

Tener hijos, sentir que no puedes hacer cosas que antaño te resultaban cotidianas y sencillas, cumplir 30 años o más otorga una conciencia de la mortalidad que puede ser dolorosa, pesada. Envejecer, cosa que se dice hacemos desde el nacimiento, pero de la que solo se es realmente consiente al ver las canas de tus padres, es un proceso complejo y aceptarlo, un reto enorme.

Nunca como ahora fue tan evidente cuántas carencias sufre este grupo etario, más allá de políticas institucionales, prioridades gubernamentales o voluntad estatal.

Cama fowler, colchón antiescaras, pañales desechables, toallitas húmedas, medias para favorecer la circulación, bastones, andadores, suplementos alimenticios, accesorios para el baño, parecen lujos en muchos casos en los que incluso, la eufemística e indefinible vivienda digna continúa siendo un anhelo por alcanzar pese a que quienes la sueñan pueden incluso superar la esperanza de vida de la nación.

Peor que no tener nada de esto, por demás necesario, es la desmemoria, la postración, la soledad, el desamor, la certeza de una enfermedad terminal, a todo ello puede enfrentarse un anciano, a todo eso podemos enfrentarnos los que hoy les vemos perder recuerdos, movilidad, facultades.

Muchos hemos tenido que enfrentar la contabilidad que no cuadra, la búsqueda de una mano financiada por un bolsillo ya sufrido, para brindar compañía y ayuda a los ancianos solos durante el día o el año.

Algunos han debido dejar sus empleos para cuidar a los mayores de la casa, menguando sus ingresos en un momento en que necesitarían duplicarlos, es así como se enfrenta la sociedad cubana actual a ese fenómeno que vive una isla del tercer mundo como si fuese del primero. Y aunque las garantías de salud gratuita, pensión, hogares de ancianos, círculos de abuelo, conforman un alentador panorama, sigue siendo insuficiente.

Es complejísima la situación a la que se enfrenta la familia cubana en este siglo que ya va para su tercera década. Las soluciones que se requieren son para ayer, porque antes de que podamos darnos cuenta llegará el día en que no veremos las letras chiquitas, nos será imposible enhebrar una aguja sin ayuda, tocarnos los dedos de los pies, o recordar dónde dejamos la dentadura postiza, tal vez antes de lo que suponíamos, estaremos tan desgastados de cuidar a los que llegaron primero, y entonces lamentaremos no haber garantizado para ellos y para nosotros mejores condiciones.

La atención a los adultos mayores requiere un trabajo consciente, multisectorial, sistémico, estratégico, sostenido y sostenible. Con suerte todos llegaremos a viejos, y es necesario poner en esa etapa de la vida dignidad y respeto, atención y cuidado.


¿Letra muerta?


Él no puede renunciar a ese placer que conoce hace tantos años. Es capaz de hacerlo en la cama, el sillón, un auto, la playa, la guagua. Ahora puede incluso disfrutarlo con la luz encendida y también apagada. Le encantan los momentos previos, de ir descubriendo cada parte, lo seduce la expectativa y le fascina la sensación contradictoria del final al que ansía llegar para propiciar un nuevo comienzo, en un ciclo infinito de éxtasis, casi siempre privado.

Lo mejor de estos tiempos es que puede tener consigo a la vez tantos como en su memoria quepan, sin temer al peso o largo de cada uno. Igualmente puede hacerlo más grande o más pequeño si quiere, cambiar su aspecto para mayor comodidad. Todo ello desde que lee con el celular.

Ha visto estudios sobre cuánto de superior tiene la lectura de la página impresa, de que la luz de las pantallas estimula la vigilia y por eso, puede tener insomnio; ha oído anunciar, por casi dos décadas, la muerte del libro en soporte “duro”. Pero está convencido de que como no murió el teatro con la radio, ni esta con la televisión, ni todos ellos con el surgimiento de internet, no pueden tener razón estos agoreros pronósticos hacia el invento de Gutenberg.

Él mismo no ha renunciado a su biblioteca personal de desvencijados tomos, amadísimas páginas de Raduga, Progreso, Mondadori, Alfaguara, Gente Nueva, Abril, Letras Cubanas, La Luz, tantas editoriales que han impreso sus sueños. Y eso no anula que ahora le apasione leer de otro modo, que al final viene a ser el mismo.

Como todo buen lector, su orgullo máximo radica en las joyas de su librero, rarezas, ediciones limitadas y robos a bibliotecas públicas, ojo: no estimula este “vicio”, solo es un comentario al margen.

El desarrollo de la tecnología le ha traído un insólito valor agregado al proceso de lectura, zona wifi mediante descarga novedades literarias, antiquísimos títulos que siempre anheló presumir, pero sobre todo puede leer online y ser coautor de relatos de nuevo tipo, basados en la multimedialidad e interactividad, dos preciosos regalos de la red de redes.

El nuevo soporte permite a los cibernautas contar su propia historia o enriquecer historias preexistentes, así, en un proceso de construcción colectiva, ya el lector no parece estar solo con sus páginas, sino que lee junto a otros, aunque la distancia no importa, es un desdibujado término que puede ahora solo contarse en clics.

De la lectura lineal, hoy es posible pasar a una horizontalidad gracias a los hipertextos, que permiten recorridos tan diversos como usuarios se acerquen a un producto, y aquello que Cortázar planteó en Rayuela, le parece la génesis de esta posibilidad maravillosa.

Ahora el libro es más suyo y al mismo tiempo de miles de internautas. La narrativa transmedia, fenómeno relativamente reciente en el contexto de los denominados nuevos medios, prende entre las audiencias como una nueva posibilidad de consumo de los productos de la cultura.

Por eso hace oídos sordos a los apocalípticos anuncios de la muerte de la lectura o el libro, tampoco cree que realmente se lea menos, entiende que se hace de otros modos y brinda por eso con una inseparable taza de café. mientras pantallas de computadoras, tabletas, celulares o readers, junto a la maravilla de la letra impresa, sigan cautivando al menos a una persona sobre la Tierra, seguirá creyendo en lo insustituible de ese placer que conoce hace tantos años y del que no puede prescindir más allá de los soportes.


De la mano de papá


Historia 1: Mi papá no me llevó a conocer el hielo, pintó con mercuro cromo la cabeza de una rana. Todo para demostrar la hipótesis de que la misma era la que llevaba una semana croando cada noche en el balcón. Espero los crímenes contra los animales prescriban. Con su estrategia de desensibilización progresiva me hizo tocarla hasta probar que no mordía. Trataba de hacerme valiente. Lo siento por la rana, pero funcionó.

Historia 2: De su mano llegó al estadio, se acercó al terreno, hizo de las suyas por aquel espacio que desde su estatura infantil parecía inmenso. Se creía el Cristóbal Colón del diamante beisbolero, y bojeó entre la arcilla y la hierba, bajo la mirada distante pero protectora de su padre. El niño no reparaba en la cuidadosa vigilancia de quien desde siempre lo apoyó en su afición por un deporte que, aún sin practicarlo, sigue dándole placer, triunfos, deseos de trabajar, pese a todo, cada día. Tal vez porque está seguro de que, como aquella primera vez en el terreno, desde algún sitio, el que le dio el nombre, aún lo observa y lo cuida.

Historia 3: A ella le fascinaba su compañía, él se inventaba personajes y un mundo donde cabía cualquier disparatada creación, incluso en aquellos años, los más duros que recuerda, cuando había que pedalear casi hasta el horizonte para un canje que pusiera algo en la olla de la casa. Entonces él, que la había llevado a ese viaje extenuante, después de obtener unos plátanos en el trueque, subió a la niña a una colina, le enseñó el infinito y le dijo al oído: mira, nena, estamos en la cima del mundo. Ella lo creyó, podía ser, debía ser. Los papás nunca mienten. Mucho demoró en saber dónde estaba el Everest, que la lomita a la que ascendieron en bicicleta no era ni un chichón en el pico más alto de la Tierra y que aquellos años se conocieron como periodo especial. Por suerte, tuvo un mago que invisibilizaba esas carencias de alimentos y kilómetros.

Tres historias distintas e iguales en la certeza de que no hay como ser conducido por la vida, de la mano de papá.


La cofradía del IPVCE


Saldrás de aquí con alborozo, pensando en otros comienzos y aún no lo sabes. Desconoces que a partir de este momento formas parte de una cofradía, esa en la que no importa si fue en los abundantes 80, en los terribles 90 o en la esperanzadora primera década del siglo XXI, a partir de hoy serás para siempre un “muchacho de la Vocacional”. Esto constituye una tarjeta de presentación que habla por sí misma y vale como una de créditos.

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Te vas hoy casi con alivio, graduado al fin , a la universidad, al futuro y no sabes cuántas veces revisitarás el pasado, cómo te va azotar la nostalgia, por los pasillos, la T, el aéreo de la 5, la plaza donde veías a todos y no pasabas jamás sola por si te estaban mirando para darte chucho; los albergues, las cacharras compartidas, los días de quemarse las pestañas, los “filtros”de la élite, la cuartelería, las maldades de los compañeros de cubículo, el paraíso, prohibido tantos años y visitado por tantos infractores…las puestas de sol.
Extrañarás a los profes, a los que pusiste motes nuevos o aprendidos de años anteriores, a los que temías por no saber ni “jota” de su asignatura, y con el tiempo los verás con nuevos ojos, pensando qué gran tipo, qué buena era aquella profe de Literatura, qué recio me llevaba la teacher, pero parafraseando a Aute “todo el inglés que supe y que sabré nunca fue culpa de ella”, hasta el almuerzo del comedor te parecerá entrañable, por ese velo místico que pone la memoria a los recuerdos, incluso a los malos.
Para ti siempre volverán a florecer los viejos flamboyanes como despedida, mientras se deshojan cada septiembre para recibir a los “decimales” quienes comenzarán un ciclo que invariablemente conduce a engrosar las filas de la cofradía de los muchachos de la Vocacional José Martí de Holguín, un privilegio, un honor, una añoranza.


Le zumba! se murió Zumbado


-Oye, se murió Zumbado, lo acaban de decir en el noticiero.
Me conmueve, pero más el hecho de que para muchos hace tiempo que este hombre estaba muerto, para otros, la mayoría, es un desconocido. Lástima.

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Prosa cáustica, humor irreverente y fino, el valor que a muchos le falta para decir lo que creen, a riesgo de parecer atrevidos o insolentes, caracterizó la obra de Héctor Zumbado Argueta. Periodista cubano, reconocido como escritor costumbrista y quien fuera, además, hombre de muchos oficios, es hoy prácticamente un desconocido, a pesar de que constan en su currículum galardones tan importantes como el Premio Nacional del humor en el año 2000.
Zumbado es autor de libros como Limonada, Riflexiones 1 y 2, Prosas en ajiaco, Esto le zumba, en los primeros se compilan textos salidos de su columna en el Juventud Rebelde en los lejanos 70 y 80.

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El choteo descrito por Mañach era su principal arma, los neologismos florecían bajo su pluma de un modo que exasperaría a los Miembros de la Real Academia de la Lengua Española y la acritud de sus críticas a lo que denominaría la “cagástrofe estética”, parecen aplicables a 28 años de la publicación de un libro que advierte y divierte al presentar un fenómeno imperante entonces y entronizado ahora. Se trata de un material dela colección Saeta, Kitsch, kitsch…Bang, Bang, publicada en 1988 y atractivo incluso desde el título intertextual y sonoro.
Zumbado hace un análisis al fenómeno del kitch desde su surgimiento y del contexto europeo original lo aterriza en la Cuba de finales de los ´80 que como descubrirá el lector en un acercamiento a este texto, tiene muchos puntos de contacto con la isla que habitamos en la segunda década del siglo XXI.
Un coloquialismo de probada eficacia adorna este material donde la norma popular se inserta en voz de un hablante culto, sin parecer impostación o pretendido “código asere” para acercarse a un lector de “pocas luces”. Así es posible tropezarse con frases como “hizo maravillas”, “se fue del aire” o “cayó de flai”.
Sus tropos no escapan de este modo particular de decir, lo ilustra su descripción de la prensa plana con este símil: “a veces chata y aplastá como gato bajo un zil”. Otras de las figuras retóricas empleadas son “explosivo coctel humorístico” y “suda imaginación”, peculiares maneras de describir la película y a Juan Padrón, respectivamente.
Los neologismos aparecen con una naturalidad que harían pensar al lector que podría encontrar su significado fácilmente en cualquier diccionario. El periodista explota recursos que lo definen y le hacen auténtico y lo que empleado de modo distinto puede parecer burdo o chabacano, encuentra en el modo de decir de H. Zumbado una manera armónica de comunicar que fluye y es auténtica.
Dicen que hacía ya tiempo apenas podía hablar, menos escribir, como resultado de una golpiza, que no se sabe bien de dónde vino y le arrancó a él y a nosotros la posibilidad de seguir descubriendo el mundo nuestro a través de los zoom a la cotidianidad que hacía Zumbado.


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